La edad de la pantalla por Maria Teresa Quiroz (2/4)


La brecha digital se observa también en el uso de las tecnologías. Es posible afirmar que en el acceso y uso de las tecnologías mencionadas se reproducen las diferencias sociales, de las clases sociales, en términos económicos, conforme van cambiando los sistemas, los usos y las modalidades. Por ejemplo, al comienzo todos chateaban y se  encontraban en las salas de chat. Poco tiempo después ciertos grupos se van diferenciando en nuevas plataformas, como el MSN , espacio en el que te comunicas con algunos,  con tus amigos, evitando a aquellos con los cuales no quieres relacionarte. Es con aquellos parecidos a tí, que se desenvuelven en lugares y espacios parecidos a los tuyos con los que te comunicas y “haces amistad” virtual. En el uso de las tecnologías se reproducen las diferencias socioeconómicas. Todo esto ha ido ocurriendo con el Hi5 y el FaceBook.

Hay grandes debates en el mundo sobre las bondades y limitaciones de las TIC, y en particular desde la neurología se plantea la pregunta: ¿Qué es lo que está cambiando en la mente de los jóvenes, niños, adultos cuando empiezan a construir relaciones diferentes?

Así, autores como Gary Small, Nicholas Carr y el propio Alessandro Barico sostienen que el cerebro se desarrolla a partir de las sinapsis que construye a cada momento. El usuario de Internet está realizando muchas tareas a la vez, links constantes en la búsqueda de información o de la verdad sobre algo. Por ejemplo, un niño o joven tiene abiertas 5 o 6 ventanas en internet y pasa de una a otra como si nada o cuando realiza varias actividades a la vez, hace una tarea en la red social se comunica con los amigos, baja música, ¿Qué esta pasando en el cerebro? ¿Es esto bueno? Hay muchas teorías que sostienen que pasar de una cosa a la otra con tanta facilidad, y sin detenernos, nos habla de una actitud en la cual nos movemos en las superficies y no profundizamos en las cosas. Lo señalo porque frente a la tecnología hay que escuchar las críticas y las defensas. Hay que examinar siempre ambos lados de los problemas y en lugar de asumir una postura de blanco o negro, movernos más bien en los grises, para desarrollar reflexiones consistentes.

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La edad de la pantalla por Maria Teresa Quiroz (1/4)


Los cambios que están suscitándose en las personas por la irrupción de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) no son solamente producto directo de la tecnología. Como dice Manuel Castells, uno de los estudiosos más importantes sobre la Sociedad Red, no estamos solamente frente a cambios tecnológicos, sino ante nuevas formas de comunicación o maneras de comunicarse, que definitivamente han cambiado. Son estas formas de comunicación que acompañan a las Tic las que interesa entender, motivo por el cual reducir el enfoque a lo tecnológico resulta un error. Podrán los gobiernos implementar computadoras en todas las aulas y eso no va a hacer mejor la educación automáticamente. Se podrá capacitar a los profesores en el uso de presentaciones en Power Point, pero ello no transforma las clases en su calidad o las hace menos aburridas. Pueden seguir siendo tan tan carentes de contenido sin llegar a interesar a los escolares.

Cuando se habla de las bondades de las llamadas TIC, nos referimos a la interacción que posibilitan, a la generación de vínculos de “muchos con muchos” y a romper la lógica unidireccional donde de un lado está el maestro, y del otro sus alumnos, sin enlazar a estos últimos. Lo importante es cómo estas herramientas tecnológicas nos sirven por ejemplo, para producir conocimiento en equipo, para tener al alcance una serie de referentes de diverso orden y para entender que no hay una sola verdad, que hay que construir el conocimiento, que la manera de educarnos en un sentido amplio, es a través del diálogo.

Se habla mucho hoy en día sobre la brecha digital, entendida como la distancia entre quienes acceden a las tecnologías y quienes no. Si bien esto es muy cierto, la brecha no está solamente en el acceso, en tener computadoras e Internet, sino en tener las competencias necesarias para hacer un uso adecuado de dichas tecnologías y de las oportunidades que ofrecen. La brecha digital está más allá de las máquinas, resultando secundario si se tiene o no computadoras y acceso a internet. Las diferencias están en quienes tienen la formación necesaria para ser capaces de discernir, de saber cuál información es valiosa, cual vale la pena, cual es inútil. Todo ello se consigue a través de la formación y educación a distintos niveles.