Cambios acelerados e identidades en construcción

Una de las características del tiempo que le ha tocado vivir al joven de hoy es la aceleración de los cambios. El desarrollo de las nuevas tecnologías es cada vez más vertiginoso y tarda muy poco en llegar del hemisferio norte al sur.

Sin embargo, también las dimensiones han variado, las ciudades latinoamericanas son cada vez más grandes, más ingobernables, plagadas de territorio librados a la suerte de sus pobladores. Los jóvenes se enfrentan a la tensión entre la trashumancia en la ciudad, buscando los espacios para la diversión y el entretenimiento, y la tendencia a la domiciliarización.

De un lado los jóvenes recorren una ciudad en la que el espacio público es visto con desconfianza, enrejado y vandalizado. Los jóvenes imponen muchas veces sus propias reglas de uso a ese espacio, territorializándolo, normando su ingreso y el tránsito, pintando las paredes; por lo tanto los jóvenes que no participan de los grupos juveniles y pandillas trasuntan los territorios entre miedos y desconfianza.

De otro lado, la violencia callejera, la delincuencia aleja cada vez más a muchos jóvenes de los espacios que ofrece la ciudad. Prefieren la seguridad que encuentran en el domicilio, en la cabina pública, con la oferta de medios, cable e Internet, donde lo “tele” o lo “virtual” cobra mayor importancia que el encuentro e intercambio directo.

Por último, los jóvenes son el sector poblacional de mayor tasa de migración, tanto interna como internacionalmente, muchos jóvenes estudian en las ciudades intermedias y vuelven a sus hogares los fines de semana, desarrollando estrategias de dos pies, entre las ciudades que les brindan los servicios y la de origen.

Otros migran para buscar mejores oportunidades tanto en la capital como en el extranjero, por lo mismo el proceso de constitución de su identidad y personalidad está atravesado por el cambio constante y el desarraigo.

Una forma de articular el futuro personal al colectivo es la vinculación territorial; sin embargo la trashumancia en la ciudad, la domiciliarización y la migración rompen este nexo natural. Por lo tanto, se produce una separación entre futuro individual y futuro colectivo en los proyectos de vida de los jóvenes.

Fragmento extraído de: Los nuevos sujetos de la globalización: Sandro Macassi. 

Cambios en la producción de conocimiento y comunicación (2/2)

Estamos, por lo tanto, frente a procesos culturales bullentes, donde la multiplicidad de las identidades y de los roles sociales desempeñados por los jóvenes frente a diferentes contextos y a diferentes personas, viene cuestionando no sólo las premisas de la sociología clásica sino también las teorías tradicionales de la personalidad de la psicología.

Los cambios que generaron las tecnologías de la comunicación no sólo tiene una incidencia en los procesos culturales y sociales, sino que generaron diversos cambios en la base productiva de las sociedades, desplazándose la generación de capital de sectores primarios (materias primas) y secundarios (bienes manufacturados e industriales) hacia el sector terciario de la economía (servicios). Las principales economías emergentes basan su crecimiento en la producción de servicios de información y la informatización de los ciclos productivos, dejando de lado el tradicional modelo de industrialización. En este contexto los jóvenes latinoamericanos tienen muchas potencialidades y destrezas desarrolladas para manejarse en el entorno digital. Sin embargo los programas sociales pro-empleo, como el que opera en el Perú, continúan capacitándolos para la vieja industria, sin reconocer la potencialidad que los jóvenes tienen para la inserción del país en la economía global.

Tal vez uno de los cambios societales que vienen afectando masivamente a los jóvenes es el conflicto cultural entre la escuela y la Internet, y la televisión, puesto que las culturas que convergen en el aula de clase, entre profesor y alumno, son marcadamente divergentes. Los maestros provienen de una cultura oral sin un profundo arraigo en la cultura escrita, mientras que los jóvenes pasan muchas horas navegando en el hipertexto vinculados al mundo, y expuestos a la vertiginosa velocidad de la televisión y el clip. Además, a diferencia de antes los adolescentes y jóvenes reciben, y tienen al alcance ingentes cantidades de información y diferentes medios (Internet, cable, televisión, enciclopedias de los diarios, entre tantos), que compiten con el conocimiento, muchas veces desactualizado y frecuentemente poco pedagógico, de los profesores.

Creemos que las altas tasas de deserción escolar y el bajo rendimiento, además de basarse en las condiciones de pobreza, también se explican por la incongruencia entre un lenguaje audiovisual y dinámico en el que vive el joven y la falta de modernización de la pedagogía y las resistencias a introducir cambios en la currícula que acerquen la escuela a la vida cotidiana. Valenzuela (2005) sostiene respecto a la escuela y los jóvenes que ambos “conforman diversos planos discursivos que no se tocan, ni dialogan, por lo cual se uní lateralizan algunas áreas del conocimiento”. Ciertamente, la paquidérmica relación que la escuela establece con la realización y la vivencia cotidiana, cada vez más cambiante, bifurca al joven hacia el mundo de la vida alejándolo del mundo de la escuela, pues la forma en que el joven se vincula con el conocimiento, lo usa y lo produce no se rige por las reglas de la escuela, sino por las que provienen de la socialización lúdica y horizontal.

Sin embargo, la incorporación de las tecnologías de la información en las escuelas va a suponer una redefinición de la noción clásica del maestro como depositario del conocimiento y de la noción bancaria de la educación, por la cual al alumno se le debe llenar de contenidos. La incorporación de CDS multimedia en las escuelas, significó el cuestionamiento a la autoridad del maestro como fuente de información, pues los CDS contenían información mucho más actualizada, dinámica, entretenida que la que el maestro podría proporcionar. Por lo tanto, significó una redefinición del rol de docente como experto en la gestión del conocimiento en lugar de una fuente del mismo; en otras palabras, el maestro debe enseñar a adquirir, seleccionar y procesar el conocimiento en lugar de sólo buscar la memorización del mismo.

Fragmento extraído de: Los nuevos sujetos de la globalización: Sandro Macassi.


Cambios en la producción de conocimiento y comunicación (1/2)

El cambio de paradigma tecnológico experimentado en las recientes décadas ha sido el fenómeno que más incidencia ha tenido en la conformación del horizonte cultural juvenil. Sin embargo, es necesario aclarar que el cambio tecnológico, es decir la digitalización, los nuevos materiales, y la informática de por sí no determinaron el cambio cultural experimentado por los jóvenes sino su uso social.

Como ocurrió con la televisión y la radio en su momento, es el uso social el que determina los nuevos lenguajes a usarse. A la oralidad radial se superpuso el lenguaje audiovisual y a éste los nuevos lenguajes multimedia, hipertexto, que generan nuevas gramáticas de actuación como las del rollplay, los nicknamens, el chat, los blogs, todas ellas formas expresivas que son apropiadas crecientemente por los jóvenes y constituyen su “modus vivendi” y en ocasiones su principal forma de vinculación con la sociedad.

Sin embargo el uso social de las tecnologías de la comunicación y la información no ha generado solamente nuevos lenguajes y gramáticas de actuación, sino que otros procesos sociales e incluso políticos vienen transitando por la Internet. Para Castells el fenómeno más importante de esta impronta tecnológica es la generación de la sociedad en red.

La conformación de ciberculturas, las comunidades virtuales, el cibersexo, e incluso el activismo político desarrollado en el ciberespacio, o el activismo que el ciberespacio permite, son la expresión tangible de estos cambios, especialmente porque la línea divisoria con el ciberespacio cada vez es más débil, los jóvenes transitan de una relación virtual a una real y viceversa. Diversas redes y comunidades se encuentran, intercambian y construyen sentidos con más facilidad en el ciberespacio que en la interacción personal; por otro lado, diversos grupos juveniles se vinculan con otros, y se adscriben a otras comunidades más amplias a través de la internet, como es el caso de los darks y los subterráneos.

Fragmento extraído de: Los nuevos sujetos de la globalización: Sandro Macassi.


Obsolescencia generacional y socialización horizontal (2/2)

Esta obsolescencia generacional es evidente en la relación que los padres establecen con los hijos, pero también respecto al empleo, la puerta de entrada a la adultez, pues en el escenario actual dos de cada tres jóvenes no encuentran trabajo y la mayor fuente de ingresos ya no es el empleo estable ni dependiente, sino el autoempleo, la micro y pequeña empresa; sin embargo, ni la escuela ni los institutos superiores o técnicos forman a los jóvenes para hacerse cargo de pequeños negocios. No existe un desarrollo de habilidades gerenciales ni se aborda el fomento de actitudes y motivaciones de conducción y liderazgo, lo cual demuestra que la educación como institución socializadora se encuentra desfasada de las demandas del mercado y de la realidad laboral del mundo adulto para la cual supuestamente está formando a los jóvenes. La obsolescencia, por lo mismo, genera no sólo una falta de calificación de los jóvenes ante el mercado realmente exitente, sino que además, representa una oportunidad perdida para la sociedad de canalizar la creatividad y laboriosidad de los jóvenes para articular la pequeña y micro empresa al sector exportador con una perspectiva de equidad.

Sin embargo la obsolescencia generacional es más dramática en la relación entre profesores y alumnos. Los textos escolares presentan modelos familiares que los niños no encuentran al llegar a sus casas, viviendo como carencia la jefatura de la madre o la presencia de hermanastros. Es muy poco lo que se avanzó en incorporar en la escuela textos sobre prevención de la violencia doméstica, educación de la sexualidad, aun cuando el entorno que los jóvenes tienen en sus barrios está plagado de situaciones de riesgo.

En la medida en que las instituciones no están cumpliendo su rol, es crítica la falta de fajas de transmisión de la experiencia social, que permita recuperar aquello que sí sirve y es útil como lección aprendida para los jóvenes.

La obsolencia generacional debe comprenderse como un desplazamiento de la socialización vertical (padres, maestros, religiosos, adultos) por un mayor peso de la socialización horizontal y lúdica obtenida a través de los pares, la televisión y la internet. No obstante, estas formas de socialización no cumplen su rol a cabalidad, no siempre están pensadas para ello, de allí que sea común que los jóvenes experimenten la sensación de estar perdidos, sin poder explicar qué les sucede, ni que está ocurriendo en su entorno. Por ello el surgimiento de culturas juveniles, las pandillas, las tribus urbanas, las barras bravas, e incluso los grupos e iniciativas juveniles se presentan como espacios de protección, protagonismo, de soporte social y cognitivo.

Fragmento extraído de: Los nuevos sujetos de la globalización: Sandro Macassi.

El conflicto como una oportunidad


Nueva publicación de la Serie "Jóvenes construyendo nuestro tiempo"

El conflicto como una oportunidad
En búsqueda del otro como el encuentro con uno mismo


El conflicto es una problemática que es transversal en los diversos espacios sociales en los que nos encontramos. Por ello en una primera parte César Guzmán Barrón, especialista en conflictos, nos brinda algunas luces sobre cómo abordar este problema en la cotidianidad. En un segunda parte, presentamos los testimonios de: Irene Chamilco, quien nos habla sobre la Pedagogía del cuidado y de su experiencia de acompañamiento a jóvenes en El Agustino y a dos ex voluntarios del programa Voluntariado Universitario para el desarrollo del Instituto Bartolomé de Las Casas quienes nos cuentan sus experiencias en el programa.

Serie: Jóvenes construyendo nuestro tiempo N° 38 
Roberto Angüis y Rosa Castro Aguilar (editores) 
1ra edición, Lima diciembre 2011, 82 páginas.
Costo: S/. 10


Percepciones Juveniles: Una mirada a la Encuesta nacional de la juventud

Nueva publicación de la Serie "Jóvenes construyendo nuestro tiempo"


Percepciones juveniles: Una mirada a la Encuesta nacional de la juventud


La percepción del ser joven en el Perú, cómo miran los jóvenes peruanos el presente y futuro de su país, y lo usos que éstos le dan al Internet, son temáticas que han sido abordadas por la encuesta nacional de juventud realizada el 2011 por el INEI y la Secretaría Nacional de Juventud. Por ello en la presente publicación, jóvenes analizan y reflexionan los resultados de esta encuesta.
 
Serie: Jóvenes construyendo nuestro tiempo N° 38
Roberto Angüis y Rosa Castro Aguilar (editores)
1ra edición, Lima diciembre 2011, 56 páginas.
Costo: S/.12

Obsolescencia generacional y socialización horizontal (1/2)


Hemos venido sosteniendo que los patrones, modelos y formas de actuar que la sociedad promueve en los jóvenes a través de sus instituciones socializadoras principales (la familia, la escuela, la iglesia y los medios, en especial las telenovelas), no coinciden con el mundo real que los jóvenes tienen que enfrentar a diario. Los jóvenes palpan la brecha entre lo que se pretende enseñar en estas instituciones y la realidad .

Tradicionalmente se habló de brecha generacional entre los valores de la generación surgida en los años cuarenta y cincuenta y aquellos valores que aportaron los jóvenes de los años sesenta. En estos tiempos estamos frente a un fenómeno diferente, no se trata de una brecha, de una distancia sino de su futilidad, es decir que aquello que se socializa en las instituciones no se puede poner en práctica y evidencia un desfase entre los cambios en la forma de vida actual con lo que oficialmente se promueve.

La diversa de tipos de familias, el trabajo precario e informal, la cultura del salvase quien pueda , la ciudadanía de segunda categoría y las tecnologías de la información y comunicación, generan todo el tiempo en el joven una disonancia cognitiva entre los valores y prácticas que la sociedad promueve y lo que tienen que enfrentar.

Bono poblacional, crisis económica y cultura del consumo

La juventud ha tomado importancia en Latinoamérica básicamente por la confluencia de dos procesos: el bono demográfico juvenil y la crisis económica. En los países del hemisferio norte, la explosión demográfica juvenil desarrollada en los años 60 coincidió con un periodo de expansión económica y una tendencia mundial hacia el cambio social, que generó que la juventud canalizara sus demandas por esa tendencia.


Imagen extraída del blog "alterglobalización"
 
En Latinoamérica el bono demográfico juvenil iniciado en los mediados de los noventa se desarrolla en un contexto económico diferente. Se evidenció una incapacidad estructural del estado y una falta de previsión de los gobiernos para dar cuenta de las demandas juveniles por viviendas, empleos dignos y una educación de calidad, etc. El escenario actual avanza a contracorriente, hay un deterioro progresivo de la educación pública, la precarización del empleo se ha constituido en una política del estado, y las familias jóvenes son las que engrosan las cifras de las pobreza extrema.

Los gobiernos de Latinoamérica y en especial el peruano, han fracasado en generar políticas públicas a favor de las juventudes. Ni los lineamientos de políticas de juventudes desarrollado por el Promudeh o los lineamientos nacionales de juventud desarrollados participativamente por el CONAJU del gobierno de Toledo, son usados como herramientas para la gestión pública y la asignación de presupuestas. La escasa voluntad política ha sido crónica al momento de orientar el Estado a favor de las problemáticas juveniles.

Además existen muy pocos programas sociales que aborden la condición juvenil, y los programas que benefician a jóvenes como parte de un paquete dirigido a la población en general, no consideran la situación juvenil y los problemas que los circundan, prolongándose indefinidamente su situación de exclusión.

La existencia de un mayor número de jóvenes viene generando una lucha por el acceso a recursos. En un escenario de carencia y de falta de oportunidades, sin programas sociales compensatorios, los jóvenes pugnan entre sí para la satisfacción de sus necesidades materiales, simbólicas, culturales e identitarias, que, como se ha visto en otras sociedades, suelen generar altos grados de conflicto, y procesos de deterioro social. Éstos en ocasiones derivan en anonimia generalizada, no respetan las normas sociales de convivencia, debilitan la ética, y frecuentemente producen una cultura de la trasgresión destruyendo la convivencia social entre los grupos de jóvenes, entre éstos y los vecinos y generando más dificultades para establecer procesos concertados y dialogantes.
Al mismo tiempo que los jóvenes tienen serias dificultades para insertarse en la sociedad y transitar hacia la adultez con la plenitud de derechos, el mercado presenta a la juventud como el arquetipo al cual aspirar, de modo que el consumo se orienta a parecer joven, actuar como joven y perpetuar la juventud como la panacea del desarrollo humano, cuando las dificultades para ejercer sus derechos son diametralmente diferentes. Asimismo, el mercado a diferencia de décadas pasadas, especialmente en estos tiempos en que la industria ya no se orienta a los bienes estandarizados y masivos sino personalizados. La juventud se enfrenta a una fuerte presión por el consumo y la diferenciación a través de los signos exteriores: vestidos, prácticas de consumo, espacios de consumo, en otras palabras hay una diversidad de estilos de vida que los presiona hacia la satisfacción de las necesidades materiales y no las de su desarrollo integral. Prueba de ello es que en toda la programación masiva y por cable es difícil encontrar programas dirigidos a los adolescentes o a jóvenes donde se aborden sus preocupaciones, problemáticas y conflictos, entre pares, con la familia o la escuela. Si sumamos a esto la escasez de oferta estatal de atención a los jóvenes, tenemos que hay una fuerte presión por el materialismo que convive con las preguntas a veces desesperanzadoras de los jóvenes respecto a su futuro y su presente.

Sin embargo, el consumo viene constituyéndose también en una forma de inserción del joven en el mundo adulto, debido a que éste organiza la cotidianidad y le da sostenibilidad. Pero el consumo para los jóvenes es también la vinculación con la mundialización de la cultura a través de Internet, conformándose comunidades de consumidores transfronteras, que cada vez con más frecuencia dan el paso de ser comunidades de consumo a comunidades de resignificación, glocalización y acción social como las culturas juveniles de rock, de grafiteros, góticos, etc.

Fragmento extraído de: Los nuevos sujetos de la globalización: Sandro Macassi.

Moratoria social como experiencia de exclusión

El período de preparación y estudio que los jóvenes experimentan para su inserción en el mundo adulto, era denominado por los sociólogos clásicos como periódo de “moratoria social”. Esta etapa, que no estaba presente en contextos culturales no industriales, se caracterizaba por poner al joven bajo la tutela de las principales instituciones socializadoras, la familia, la escuela y la iglesia, que tenían como misión preparar al joven para su inserción en el mundo adulto. Durante este periodo el joven se encontraba en una etapa de tutela o padrinaje institucional que en la práctica operaba como una suspensión del ejercicio de sus derechos.

Actualmente la situación de moratoria social no sólo ha significado en la práctica la suspensión de sus derechos, sino que también se ha constituido en una categoría de exclusión que opera en la vida cotidiana, que es un parámetro de actuación de funcionarios, autoridades y de parientes. La exclusión generacional crea una situación de “limbo social”, por lo cual los jóvenes tienen derechos nominales pero no los pueden ejercer.

La moratoria social genera también la invisibilidad de las demandas y de las problemáticas juveniles. Sin un reconocimiento adecuado de sus problemáticas, sin canales de representación y de actoría social, los jóvenes se encuentran en la cola eterna de la política pública, quedando como única expectativa la de llegar a la adultez para poder acceder al Estado. Recientes estudios del Banco mundial abonan en la idea que los jóvenes altamente afectados y escasamente atendidos, en la medida en que sus problemas están invisibilizados, no tienen forma de canalizar sus demandas, no se desarrollan políticas protectivas o preventivas o, dicho en otras palabras, el estado no resuelve sus problemáticas. Si se analiza la cantidad y cobertura de los servicios de atención donde se brinda asesoría psicológica para los jóvenes, frente a la oferta proporcionada a las mujeres, a los niños e incluso a los adolescentes, encontramos una diferencia sustancial que opera en contra de los jóvenes.

La exclusión social de los jóvenes en Latinoamérica es una de las principales causas de la disvinculación del joven con el ethos social, que contribuye a su auto migración, no es gratuito que muchos grupos juveniles desarrollen comportamientos transgresores y anómicos que buscan expresar su situación de exclusión, aunque sin traducir sus condiciones en necesidades y éstas en demandas, y sin traducir sus demandas en representación política.

Fragmento de un artículo de Sandro Maccasi publicado en la serie "Jóvenes construyendo nuestro tiempo" CEP:2006.
Imagen extraída de: http://1.bp.blogspot.com/_1qB2vCmS3Lw/S9dJLJjHozI/AAAAAAAAAcY/YLyVMQTi1ZE/s1600/jovenes2.jpg