Relaciones Interpersonales como espacio de crecimiento, maduración y plenitud (1/2)

El ser humano comienza a ser persona cuando es capaz de relacionarse con los demás, rompiendo el mundo de la identidad infantil en que se mueve durante los primeros años de su vida. Cuando se va haciendo capaz de dar y recibir en su relación con sus padres, hermanos y demás personas, su responsabilidad se va definiendo.

Abandona el egocentrismo para dar lugar al alterocentrismo. Los psicólogos modernos establecen como señal de madurez humana la capacidad de tender muchos puentes de interrelación con las demás personas. De modo que podríamos definir a la persona como un “ser-en-relación”.

Una de las necesidades o realidades psicológicas, o mejor, psicosociales, es que todos y cada uno de los seres humanos necesitan al otro y a los otros para realizarse. La necesidad que las personas tenemos unas de otras presupone la consideración de que nadie es autosuficiente, nadie se basta a sí mismo. Presupone que debe darse el encuentro con el otro y con los otros en orden a la maduración mutua de sus respectivas personalidades. Presupone, además, la superación del aislamiento vivencial y existencial. Sobre estas bases se asienta la necesidad de un adiestramiento en las relaciones humanas interpersonales, a fin de facilitar la vivencia grupal y comunitaria.

Siendo la relación la dimensión del “YO” que me identifica, es sin embargo en ésta área de las relaciones, especialmente a la hora de comunicarnos, donde se dan problemas y surgen las dificultades.

Se puede dar el caso de que “hablamos” con otro/s pero no logramos comunicarnos, es uno de los impedimentos para lograr relaciones adecuadas.



[1] Extraído de Compartiendo un camino: pedagogía del acompañamiento. Amparo Huamán y Ze Everaldo Vicentello. Centro de Estudios y Publicaciones. Diciembre 2009

Imagen extraída de: http://www.vocacional.org.mx/images/imagen72.jpg

Ejercicios Grupales para una Comunicación Eficaz

El grupo es un espacio privilegiado para reflexionar en conjunto sobre los aspectos que debemos tener en cuenta para hacer más efectiva nuestra comunicación interpersonal, sobre todo cuando se desarrolla con loa participación de varias personas y las posibilidades de distrosionar la información son mayores. Ser concientes de estos aspectos ayuda a relacionarnos de mejor manera y a aprovechar el encuentro y el trabajo con otras personas para un enriquecimiento mutuo en varias dimensiones de nuestra vida.


Por eso le entregamos un ejercicio que le pueda ayudar.

EJERCICIO: MUCHOS DATOS ARMAN GARABATO

Objetivo: tomar conciencia entre las personas del grupo, que existen pautas básicas para lograr mayor comprensión hacia nuestros mensajes.

Materiales: Una historia con muchos datos escrita en una tarjeta para ser leida por el/la animador/a.

Proceso:
1. Estando el grupo reunido se pide tres voluntarios/as para hacer el ejercicio.
2. Cuando se tiene a los/as voluntarios/as se les pide que salgan del salón o lugar donde está reunido el grupo por unos 5 minutos. Se les explica que se les irá llamando uno por uno para que vuelvan a entrar.
3. Cuando han salido los/as voluntarios/as, se explica al grupo que se llamará a uno por uno para leerles una noticia. Entonces se llama a la primera persona y se le lee la noticia. Si es necesario y así lo desea, se le volverá a leer.
4. Luego se invita a la segunda persona y quien recibió primero el mensaje, se lo cuenta tal como lo entendió.
5. Luego se invita a la tercera persona voluntaria y el/la segundo/a voluntario/a le transmite la noticia.
6. Luego se invita a la tercera persona a contar a todo el grupo la noticia que recibió.
7. Posteriormente se vuelve a leer la noticia original y se comprueban las diferencias. En plenaria se comenta qué sucedió; qué factores intervinieron para que la noticia no llegue al final tal como fue dada originalmente.
8. En grupo se identifican los elementos a tener en cuenta para que nuestros mensajes lleguen de la manera más completa posible y de manera comprensible.

Imágenes extraidas

1http://pacomova.eresmas.net/garabato.gif

2http://ow.ly/2gIjt

Cualidades de la Persona que acompaña a Jóvenes: La escucha(3/3)

ESCUCHAR A DIOS
1.1. Dios es Él que nos escucha siempre
*La fe pasa por el camino de la escucha.
*Dios nos busca, el primero, Él nos está siempre escuchando de verdad, porque Él nos ama.
* Como Job, aun en la prueba, podemos acudir a Él, ya que Él nos está esperando.
*Dios nos habla, pero ¿cómo lo hace?
Por su Palabra, a través de los demás, y en particular a través de los que escuchamos en cada acontecimiento de nuestra vida, en la familia, el trabajo, las amistades, la comunidad, el barrio. Finalmente, Dios nos habla a través de la historia de nuestro país y del mundo entero.

1.2. Escuchar, un camino espiritual

La vida cristiana se podría definir como una vida de escucha al Señor, para seguir su camino.
Escuchar a Dios, a los otros y a sí mismo: es una actitud global, ya que el Espíritu nos habla a través de la Palabra y a través de la realidad de la vida de cada día.
Existen medios para progresar en esta dirección:
*Hacer silencio... cada uno a su manera.
*Buscar sitios, espacios, crear circunstancias favorables en que se puede conversar y escucharse mutuamente
*Tomar el tiempo (de escuchar, de rezar, de contemplar)



Imágenes extraídas:

Cualidades de la Persona que acompaña a Jóvenes: La escucha(2/3)

2. LA AUTOESCUCHA

2.1. ¿Qué es?
*Capacidad de relacionarse consigo mismo
*Conocerse, con sus fuerzas y sus debilidades
*Sentirse bien consigo mismo, aun cuando estamos solos
*Poder hacer silencio dentro de nosotros
*Ser sensible a nuestras propias reacciones y nuestros modos de defendernos.

2.2. ¿Cómo actúa?
*Los acontecimientos de cada día, las dificultades en nuestras relaciones y las emociones que provocan en nosotros, nos permiten “escucharnos”, entrar en contacto con nuestras heridas profundas, todo lo que dentro de nosotros y nosotras necesita sanación.
*La autoescucha nos da más conciencia de esto, nos acerca a nuestro YO PROFUNDO.
*La autoescucha nos hace sensibles también a los momentos de gracia de cada día: los momentos de paz, de claridad, de liberación.
*Nos hace ver la acción de Dios en nuestra vida y la necesidad de su misericordia activa.

2.3. ¿De qué sirve en la escucha del otro?
La autoescucha nos prepara a escuchar a otros, porque nos ayuda

*A respetar la vida y la historia de cada persona
*A confiar en la acción transformadora de Dios en cada vida
*A tener compasión por los demás, conociendo nuestros límites y nuestras lentitudes

2.4. Proceso de la autoescucha
-Identificar el acontecimiento que provocó una reacción fuerte
-Reconocer las emociones sentidas
-Ver el comportamiento: reacciones, defensas.
-Desahogar la emoción
-Entrar en un diálogo interior con nosotras(os) mismas(os). Es una forma más objetiva de expresar los sentimientos
-Identificar los patrones encontrados, es decir, mis esquemas de pensamiento
-Desarrollar nuevas perspectivas: es decir, re-evaluar la situación.


Imágenes extraídas

1http://ow.ly/2ey57
2
http://ow.ly/2eyar

Cualidades de la Persona que acompaña a Jóvenes: La escucha(1/3)

La escucha[1]

“La escucha es un valor poco practicado”, es una realidad que todos hemos experimentado, de ahí la necesidad de aprender a escuchar.

Escuchar implica: alentar el desahogo, brindar: Silencio, atención, acogida, tiempo, tranquilidad, espacio (interior y exterior). Escuchar las palabras que se dicen. Ser sensible a los sentimientos y a los gestos del que habla.

Hay alguien que siempre está dispuesto a escucharnos, a entrar en diálogo con nosotros. Dios es
Él que nos escucha siempre. Él nos habla por su Palabra, Jesucristo, la Palabra hecho hombre, pero también a través de los demás, en particular de los que escuchamos. Pero ¿tomamos el tiempo de escuchar a Dios?
Cada uno de nosotros necesita, de vez en cuando, que alguien nos escuche, y que nos escuche bien, que alguien nos acoja y nos acepte como somos realmente. Y si no nos encontramos con alguien que nos puede escuchar de verdad, nos vamos a sentir solos y no considerados.
Por ello decimos que escuchar tiene una triple dimensión: escuchar al otro, escuchar a sí mismo (autoescucha), escuchar a Dios.

1. ESCUCHAR AL OTRO
[2]

1.1. ¿Qué es escuchar?
· Escuchar es un trabajo, un esfuerzo, porque hay que callarnos, no decir nuestra experiencia, no aconsejar, no consolar.

1.2. Escuchar es un arte
1.2.1.
"Escuchar" es distinto de "oír"
· “Oír” es recepcionar las ondas sonoras que provoca cualquier ruido
· “Escuchar” es más psicológico: permite comprender el mensaje que transmiten las ondas sonoras, su contexto y circunstancias.
· Implica una disciplina, es decir actitudes activas de parte del sujeto: atención, interés, motivación, capacidad de hacer silencio. Es una combinación de atención y relajación que nos permite acoger la palabra del otro en libertad y creatividad.
· Permite interpretar lo que se oye según la experiencia y la historia

1.2.2. Escuchar es una destreza, que se puede aprender, perfeccionar, evaluar. Escuchar es un arte que se aprende por experiencia, por lo cual se necesita que se trabaje, con paciencia y dedicación, para llegar
· a conocerse a sí mismo, a su propio mundo interior
· a evaluarse a sí mismo.

1.3.
Escuchar es un servicio, un don de sí mismo
1.3.1.
Muchas veces, es el primer servicio que el otro/a espera de nosotros.
1.3.2. No exige solamente que le dediquemos tiempo sino también que lo hagamos con nuestro corazón:
Es don de sí, pero también es don de Dios a través de nosotros “...escuchar con los oídos de Dios para poder dirigirnos a los demás con sus palabras” (Bonhoeffer)


1.4.
La relación de escucha
· Escuchar se hace dentro de una relación personal
· Es un servicio que se da
· Es relación de ayuda, y por lo tanto, relación asimétrica
· Pero el protagonista es él/la que habla.


1.5.
Los bloqueos

1.5.1. Crean interrupción en la comunicación, impiden que se escuche bien, provocan reacciones negativas, dañan la relación.
1.5.2. ¿De dónde vienen? De la vida interior: falta conocerse mejor a sí mismo.

1.5.3. Algunos ejemplos:
· Distracción, comunicación negativa por lo no-verbal
· El monólogo
· No respetar la libertad, la autodeterminación del otro: amenazar,
moralizar.
· Dar respuestas
· Ser inquisidor- preguntar por curiosidad
· Interrumpir

1.6.
Actitudes de escucha
· Escuchar con respeto.
· Aceptar a la persona como es.
· Acoger a cada persona sin juzgar.
· Mantener el secreto.
· Tener confianza en las capacidades de la otra persona.
· Promover la libertad.
· Escuchar con autenticidad.
· Escuchar con sinceridad y honestidad.
· Comprender los sentimientos del otro sin identificarse con sus problemas.

1.7. Acercarse al otro en cualquier lugar donde él se encuentre
Implica estar atentos en:
· Preguntar, informarse, reformular: lo que necesita tiempo
· Hacer callar lo que viene de mí necesita energía; es una lucha, un desafío.
· Dejar que el otro pueda expresar su dolor, para que se sienta menos dolido que antes.

1.8 Tratar de experimentar lo que el otro experimenta. Se trata de la empatía, a la que
nos referimos anteriormente
[1] Extraído de Compartiendo un camino: pedagogía del acompañamiento. Amparo Huamán y Ze Everaldo Vicentello. Centro de Estudios y Publicaciones. Diciembre 2009.
[2] Tomado de Marianela Aliaga de Esperilla del Equipo de Acompañantes del Centro de Espiritualidades “Emaús” – Puno.
Imagenes Extraídas de:

Cualidades de la Persona que acompaña a Jóvenes: La Empatía(2/2)

Rogers[1] se refiere a la empatía como una actitud y habilidad de comprender adecuadamente la experiencia interior de otra persona y ser capaz de comunicar esa comprensión. “Sentir dentro”.
En palabras de Rogers la empatía es la capacidad de entender ese mundo interior, integrado por significados personales y privados, como si fuera el propio pero sin perder nunca ese “como si”. La cercanía y la distancia que permita objetivar.
Importancia: es una habilidad básica para lograr una adecuada comunicación, en todos los diferentes modelos de acompañamiento. Cualidad esencial en una relación que promueva el desarrollo de la personalidad. Posibilita a una persona el acercamiento a sí misma, el aprendizaje, cambio y desarrollo. Facilita el acompañamiento, el diálogo y la comunicación entre los miembros del grupo.
Entabla una relación que le permite al otro/a sentirse cómodo/a y comprendido/a, que le permita ser espontáneo, auténtico y experimentar sus sentimientos en el “aquí y ahora”.
Se debe considerar al acompañado como una persona con capacidades y con potencialidades. Es parte importante del proceso de acompañar, ayudar a la persona a que descubra esas posibilidades, sus fortalezas. Por tanto, el acompañante no debe permitir al acompañado una actitud de víctima permanente. Hacemos referencia a quienes llegan a la entrevista diciendo: “Yo no sirvo, yo no valgo, no soy nadie, no voy a poder, ya no resisto”. Debemos escucharlo y practicar la empatía, pero también hay que ayudar a la persona –y para eso está la ESCUCHA- reflejándola. Para que de ese modo, pueda ver que la realidad es más grande de lo que ella o él perciben. Desarrollar y potenciar las capacidades, las fortalezas y las habilidades de la persona a la que escuchamos es tarea fundamental.

Por otro lado debemos ser concientes de que, en la relación de ayuda, el poder lo tiene el acompañado. Es el sujeto quien marca el ritmo de la relación. Es parte del respeto que debe mostrar el acompañante: que debe permitir el empoderamiento del acompañado, del que acude buscando ayuda.
Es diferente acompañar un discernimiento frente a una decisión que debe de tomar, o acompañar grupos juveniles, y dentro de los grupos juveniles también tenemos que diferenciar, los grupos que están para formarse, los grupos que están para hacer la catequesis o el grupo del coro; hay que matizar mucho en cada caso.

Acompañar es una forma de vivir la espiritualidad. Por consiguiente, un eje que va a evaluar nuestro acompañamiento es, precisamente, nuestro seguimiento a Jesús en fidelidad a su pedagogía. Y esto nos permite concluir que el acompañar es una acción integral. Cuando decimos integral, nos estamos refiriendo a que el acompañar atraviesa todas las dimensiones de la persona. En el acompañar nos preocupa el crecimiento integral de las personas.
¿Cómo entendemos aquí la tarea de acompañamiento? Es acompañar los procesos de crecimiento, de maduración, de cambio de las personas. Por eso es que se dice que el acompañante lo que establece con las personas es una relación de ayuda. Ayuda al cambio, al discernimiento, al crecimiento, a la aclaración, etc. El acompañante debe ayudar a la persona para que ella misma vaya descubriendo por sí misma lo que le conviene hacer. El proceso es más lento, pero es así como es efectivo.

Es necesario reconocer que en el acompañamiento hay una relación asimétrica (asimetría). La relación acompañante – acompañado (orientador – acompañado/a) es asimétrica. Si bien queda claro que quien marca el ritmo de la relación de ayuda es el acompañado y precisamente buscamos que se dé cuenta de ello, quien tiene elementos de orientación en la relación es el acompañante, porque mira desde afuera y tiene la visión de un panorama “más amplio”. El riesgo de manipulación y toma de poder sobre otros es constante. Por ello se requiere de madurez humana y acompañamiento constante para consolidarse como acompañante. Sólo quien es acompañado, puede acompañar. Y hay que reconocerlo, muchas veces replicamos la experiencia de acompañamiento que hemos tenido, porque en el fondo son los paradigmas que conocemos y tenemos como referentes constantes, conscientes o no de ello. Sin embargo, reiteramos que ser acompañado/a es una condición para acompañar. En caso contrario, existe el riesgo serio de buscar en el acompañamiento que ejercemos consuelo, apoyo, cariño, valoración, para sí mismo. Por ello recordamos que el acompañamiento es gratuito, y es confidencial: su contenido no nos pertenece, solamente pertenece a la persona y a Dios.

En definitiva, la empatía es la capacidad de comprender la experiencia interior del otro y comunicarle su comprensión. Hay dos tipos de escucha: escucha simple: entender bien, empatía: sentir dentro (simpatía: sentir con)
La empatía es: estar a su lado para mirar desde su lugar, pero conservando una ligera distancia, manteniendo una cierta objetividad emocional.
Por eso, hay que conocerse bien a sí mismo. Trabajar su propia historia. Practicar la autoescucha. Si no, los problemas del otro me ahogan a mí también y no puedo ayudar.
[1] Tomado de diversos artículos de Carl Rogers.
Imágenes extraídas

Cualidades de la Persona que acompaña a Jóvenes: La Empatía(1/2)

La empatía[1] es una actitud y una habilidad fundamental en los procesos de comunicación. Facilita el acompañamiento y el diálogo entre las personas. Todas las definiciones de empatía remiten a un “sentir dentro”. Es la habilidad de comprender adecuadamente la experiencia interior de otra persona y de comunicarle esta comprensión. Es algo positivo que nada tiene que ver con la indulgencia, o con el paternalismo. Es la capacidad de sintonizar la onda emocional en que la otra persona está funcionando.
Necesitamos diferenciar entre simpatía (es un sentir con), donde predomina lo emocional, y la empatía (es un sentir dentro), en la que predomina lo intelectual y perceptivo.
La persona empática se concentra en comprender el marco de referencia de la persona y su contexto. Cuando soy empático me pongo yo mismo en su lugar, en sus zapatos, como si fuera él o ella. Si sólo simpatizo me envuelvo emocionalmente con la otra persona y no me siento libre de comprender objetivamente dónde está y dónde quiere y necesita estar. Es ponerme en su experiencia subjetiva e imaginarme su forma de ver la vida antes que hablar. Si no hay empatía, cuando llega el momento del conflicto hay un distanciamiento.
La empatía requiere un doble movimiento de inmersión en la vida emocional del otro y de toma de distancia que facilite la comprensión objetiva, desapasionada de esos sentimientos. Una excesiva respuesta emocional en forma de simpatía interferiría con la necesaria objetividad y cegaría igualmente al otro en su papel clarificador de sentimientos.
Además la empatía es una excelente motivación para la acción puesto que la comprensión empática de lo que el otro experimenta es una motivación muy fuerte para actuar con generosidad.
Es algo más que una técnica psicológica, es la compasión, es la manifestación de Dios. González Faus nos recuerda que Jesús es la misericordia de Dios en acción, es la misericordia encarnada, es la capacidad de compasión, de sufrir con el otro. Jesús siente desde adentro, desde las entrañas, desde lo más íntimo. La empatía
es la capacidad de conmoverse.
En la familia el papá y la mamá son la presencia de la empatía, que se traduce en la capacidad de invitar al bebe a ser persona, a salir de su ensimismamiento. El niño crece en la interacción, y los papás lo ayudan a organizar sus esquemas, pues ellos le ponen nombre a sus emociones, permitiendo que el niño sepa qué está sintiendo, si está alegre, triste, adolorido, temeroso, entusiasmado. Con la empatía de los padres, se genera la confianza básica. La empatía es la forma que la familia tiene de trasmitir amor. Los niños se confunden si los papás los quieren pero no saben comunicárselo o hay mensajes contradictorios. Hay que aprender a comunicar el cariño a los hijos, mostrando ese amor y afecto tanto verbal como corporalmente.

[1] Extraído de Compartiendo un camino: pedagogía del acompañamiento. Amparo Huamán y Ze Everaldo Vicentello. Centro de Estudios y Publicaciones. Diciembre 2009.



Imágenes extraídas


1http://elproyectomatriz.files.wordpress.com/2007/07/empatia.jpg


2http://elproyectomatriz.files.wordpress.com/2010/02/quien-soy-yo.jpg

La persona que acompaña

Tomado de Compartiendo un Camino: Pedagogía del Acompañamiento[1]

Acompañar es una forma de vida, una espiritualidad. Para acompañar se requiere una pedagogía, y para ello tenemos, como modelo, la de Jesús que:
*se acerca, sale al encuentro de la persona

*capta las búsquedas e inquietudes del otro
*tiene en cuenta el contexto y la situación en que viven
*se expresa en su lenguaje
*camina a su lado e inicia un diálogo: escucha
*los lleva a encontrarse consigo mismos, para que cada quien responda
*invita a descubrir en la profundidad de su ser la propuesta de amor del Padre

Por lo tanto, cuando el acompañante transmite su mensaje, busca:



*Formar la conciencia crítica.
*Afirmación de la persona.
*Valora “los ritmos” de cada persona.
*Promueve la responsabilidad, no la impone.
*Libera para la libertad.
*Promueve el protagonismo.
*Se sitúa en el lugar del marginal. Escucha a la víctima, al necesitado, al sujeto de negación y de opresión porque los reconoce como sujetos de liberación: opción preferencial por los pobres.

Cada una de estas características las encontramos en el evangelio (Pedro, Juan y los apóstoles; Zaqueo, el ciego de nacimiento, la hemorroisa, el ciego del camino, los discípulos de camino a Emaús, el joven rico, etc.) Características a las que cada uno ira dando formas concretas y precisas de acuerdo al lugar y a la persona que tiene al frente.

Algunas características que el acompañante necesita cultivar:

· conocer la realidad del joven y de su entorno
· aceptarse a sí misma(o) e ir aprendiendo a convivir con sus limitaciones
· estabilidad pero abierto a los cambios, replantea su vida como un proceso, disponible al crecimiento.
· convive con su realidad y tiene una postura crítica de ella
· consciente de su crecimiento y también es acompañado por alguien y por el grupo
· entiende, acepta y potencia el rol que está ejerciendo.

El acompañante es una persona con firmeza. Una firmeza que le viene de las convicciones que tiene de lo que hay que hacer pero flexible al espíritu propio del grupo y de las personas.

Habilidades que el acompañante tiene que desarrollar:
Atención física y psicológica:
Por un lado deshacerse de lo que pueda distraer la atención y hacer todo lo necesario para que el clima de atención sea el más adecuado. Se escucha con todo el cuerpo. Por otro lado, escuchar se presenta como el centro de “atender”; es una manera de estar presente exclusivamente para el otro.

Respeto:
Apreciar a la otra persona simplemente porque es un ser humano. Implica que tiene valor en sí misma(o). Es más que una actitud o una forma de mirar a los seres humanos, es un valor, es decir, se expresa en la conducta, en las actitudes hacia la otra persona.
Autenticidad:
"la conciencia de sí mismo" del terapeuta, según Rogers. Este supone que el terapeuta –acompañante- se esmera en ser sincero, y auténtico. Es decir, debe mostrarse como una persona "real", que se enoja, se sensibiliza y que es capaz de aceptar sus sentimientos como propios; lo que no significa que deba exteriorizar de manera impulsiva cualquier sentimiento momentáneo.
Honestidad:
Significa que no hay contradicciones ni discrepancias entre los pensamientos, palabras o acciones. Ser honesto con el verdadero ser y con el propósito de una tarea gana la confianza de los demás e inspira fe en ellos. Honestidad significa nunca hacer mal uso de lo que se nos confió.

Empatía:
Actitud y habilidad de comprender adecuadamente la experiencia interior de otra persona y ser capaz de comunicar esa comprensión. “Sentir dentro”. Es la habilidad de comprender adecuadamente la experiencia interior de otra persona y de comunicarle esta comprensión. Es algo positivo que nada tiene que ver con la indulgencia, o con el paternalismo. Es la capacidad de sintonizar la onda emocional en que la otra persona está funcionando.

Aprender a escuchar:
Hablar es un don, y a través de la palabra es posible descubrir la nobleza de una persona. Prestar la debida atención y escuchar con sabiduría revela las virtudes del que así procede. Escuchar implica: alentar el desahogo, brindar: Silencio, atención, acogida, tiempo, tranquilidad, espacio (interior y exterior). Escuchar las palabras que se dicen. Ser sensible a los sentimientos y a los gestos del que habla.


[1] Tomado de Compartiendo un camino: pedagogía del acompañamiento. Amparo Huamán y Ze Everaldo Vicentello. Centro de Estudios y Publicaciones. Diciembre 2009. Esta sección está basada en materiales y aportes de Kevin Flaherty, S.J. presentados en los cursos de acompañamiento espiritual. También del artículo de Belén Romá: “Aprendemos a comunicarnos en familia" En “Aprendiendo a vivir: Madurez humana y ética”. 2004, Varios autores, Lima, Centro de Estudios y Publicaciones y Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

Imágenes extraídas de:

1http://ow.ly/2aixi

2http://www.letra.org/spip/IMG/png/splano15.png

Dinámicas para fortalecer las relaciones en el grupo

Temores y Motivaciones
-Objetivo: Discutir en grupo las motivaciones, expectativas y temores con el fin de entablar una relación más cercana entre los participantes y con el moderador desde el inicio del taller. Además permite adecuar el programa incluyendo las expectativas mencionadas para responder, en la medida de lo posibler, a dichos intereses y necesidades.

-Materiales: cartulinas y plumones

-Desarrollo: el moderador comienza la sesión señalando que todas las personas tenemos distintas motivaciones, expectativas y temores acerca del taller, curso, o temática que estemos por comenzar a trabajar. Los miembros del taller se organizan en grupo para que discutan cuáles son sus motivaciones, expectativas y temores. Después de la discusión, cada grupo dibuja una motivación, una expectativa y un temor (la más representativa de la discusión que se realizó previamente)
Luego, se realiza una plenaria donde cada grupo expone lo que han dibujado. Se encontrará que muchos grupos coinciden y se logrará una dinámica más compartida. De esta manera, el moderador va conociendo mejor los sentimientos y las dudas de los integrantes del taller.


El regalo de la alegría
-Objetivo: promover un clima de confianza, valoración de las personas y estímulo positivo en el grupo.
-Materiales: papeles y lapiceros

-Desarrollo: el facilitador entrega papeles a cada uno de los participantes y señala que cada uno escriba un mensaje positivo y motivador del trabajo en grupo. Si se desea cada uno firma la nota. Luego, todas las notas se colocan en una caja y se reparten aleatoriamente a cada uno para que a nadie le toque la misma nota que escribió. El moderador escoge a algunas personas para que lean la nota que recibieron y describa si le gustó o no.

Reunión no verbal
-Objetivo: incentivar el uso de las formas distintas de comunicación no verbal. Estimular la transformación de sentimientos en actos.
-Materiales: ninguno

-Desarrollo: El facilitador debe señalar la importancia de la comunicación no verbal con el fin de facilitar la expresión de sentimientos, desarrollar y entender nuevas habilidades de comunicación. Para comenzar la dinámica los miembros del taller se forman en parejas y tienen que presentarse así mismo, pero sin hablar. Se van rotando las parejas. Luego de esta dinámica se habla de cómo se sintieron y que podrían rescatar sobre la importancia de entender la comunicación no verbal para poder entender los sentimientos de las personas.



Imágenes extraídas:

La Pedagogía Pastoral en los nuevos tiempos (3/3)

Experiencias hechas desafíos (Adaptación Rafael Egúsquiza)

Algunas experiencias de pastoral juvenil han ido ensayando nuevas formas de desarrollar sus procesos para no renunciar a la perspectiva de acoger a los jóvenes en sus procesos de maduración de la fe y responder a los cambios, las dificultades, creemos que es bueno compartirlas entendiéndolas como desafíos para nuestra creatividad y nuestras posibilidades.

La vida comunitaria se extiende

Se han desarrollado formas de comunicación, alternas o complementarias al encuentro cara a cara, algunos asesores logran comunicarse con sus jóvenes a través del Chat, hay algunos que no pueden llegar el día de la reunión por diferentes motivos pero sin embargo se comunican, dicen de sí a los demás. Estamos frente al desafío de la posibilidad de encuentro cotidiano, pero también es cierto que se han desarrollado medios comunicativos diferentes que se incorporan a la vida cotidiana de los jóvenes.

Actores.

Algunas experiencias pastorales, ante la escasez de asesores formados, han optado por formar animadores entre los jóvenes que tienen más tiempo o experiencia que se encargan de animar la vida comunitaria. En estos casos la interacción comunitaria es fundamental, ya que va a cumplir ciertos roles de contención de los jóvenes que una figura de asesor podría haber asumido. En estos casos nos falta aún desarrollar más la práctica pastoral desde la perspectiva de ese joven que teniendo pocos años más que los otros intenta mantener la dinámica comunitaria como espacio de crecimiento en la fe, sería deseable que aún en estas experiencias haya algún asesor que pueda al menos estar cerca de estas comunidades.

Espacios de articulación y animación

El tremendo desafío que plantea la desvalorización de la vida comunitaria y también las dificultades que tienen muchos jóvenes para incorporarse en grupos con relaciones humanas más profundas, en muchas pastorales se ha interpretado como un llamado a organizar encuentros y talleres como espacios fundamentales para vivir la dimensión de asamblea que buscan los jóvenes. No es casual encontrar una dinámica en trono a aun taller de líderes o encuentro comunitario o misa juvenil que permite el intercambio, acrecentar las redes, pasar del pequeño grupo al grupo más amplio. Una pista central es asociar a los procesos de formación comunitaria encuentros de diverso tipo, retiros, paseos de confraternidad, de integración, de estudio, de oración, etc.

La acción

Todo proceso comunitario, camino de maduración en la fe, parte de la acción humana como también desemboca en ella. La experiencia de animación del “ser con los demás” no es una clave pedagógica muy importante, tanto como el protagonismo, todo encuentro comunitario debe
partir por el narrar los hechos, la acción humana, la experiencia personal y o comunitaria, para ser confrontada con la palabra, que surge también como necesidad y no es impuesta. Esto nos lleva a señalar que es necesario un método en la reunión comunitaria que permita que la relación establecida en el acompañamiento pueda seguirse de manera sistemática, por ello las etapas de la vida comunitaria siempre estarán marcadas por el ejercicio del método y su profundización. De otro lado la comunidad puede estimular la(2 acción, proponiendo experiencias de generosidad, de acción con otros, de misión para poder por un lado tener una narración común como comunidad, pero por otro confrontarse personalmente más allá del entorno cercano.


Fuente de Imágenes:

La Pedagogía Pastoral en los nuevos tiempos (2/3)

(Adaptación) Rafael Egúsquiza

Asumiendo hoy la práctica de la pedagogía pastoral


En la historia de la pastoral con jóvenes, la experiencia de la asesoría, sobretodo de los movimientos de acción católica y de aquellos que asumían una espiritualidad relacionada con el carisma de alguna congregación religiosa, hizo surgir la necesidad de una reflexión en torno a la
tarea de acompañar que iba más allá de la figura del “asesor espiritual”. Así los ejes en torno a los cuáles se fue expresando una suerte de práctica de acompañamiento eran la lectura creyente de la realidad, la formación bíblica, el protagonismo de los jóvenes, el redescubrimiento del llamado a ser discípulos, el llamado al compromiso, la reflexión sobre el sentido de la evangelización, la necesidad del discernimiento cristiano, todo ello se generaba en torno a una intensa vida comunitaria que se lograba con un proceso.

La práctica como relación

La pedagogía pastoral la hemos concebido como una herramienta inspiradora para los agentes que acompañan los procesos de formación de los jóvenes, en este sentido tiene su propia consistencia, pues se ha asumido como una acción que se desprende de la forma como se asume el misterio del asesor desde su rol de educador. Si es esta la perspectiva, entonces se requiere que consideremos que el joven es el protagonista de su proceso, el asesor acompaña, orienta, aconseja, pero son los mismos jóvenes quienes deciden, caminan, oran, entonces tienen una interacción en el proceso, el acompañamiento es un acto de diálogo y el asesor también aprende en esta relación.

“El principio pedagógico del protagonismo de los jóvenes exige de parte del asesor la aceptación incondicional de los mismos. Dios ha llegado a la vida del joven antes que el asesor y es él quien viene actuando. El asesor trata de ser un mediador, testigo de ello. No lo será en la medida en que a su testimonio le falte autenticidad, visibilidad, calidad, en suma, credibilidad”
[1] señala el Padre Rivadeneira cuando hace la reflexión sobre la relación entre pedagogía pastoral y asesoría.

Los encuentros comunitarios

La pedagogía pastoral tiene que ver con las condiciones en las que se desarrolla la relación entre acompañante y acompañado, pero también con las condiciones que debe tener la vida comunitaria. Un salón poco atrayente, el mismo salón que se usa para las clases que reciben los jóvenes, no tener espacios ni tiempos acordados si no impuestos para reunirse, encontrarse solos sin acompañamiento, contenidos distanciados de su vida cotidiana, pobres recursos visuales, escasez de materiales, poco espacio para sus expresiones personales, dudas, reuniones dirigidas por alguien externo al grupo, etc. todos estos aspectos nos hablan de la tremenda despersonalización que niega las posibilidades de un encuentro genuino, rico en interacción, en conocimiento, en confianza. El acompañamiento comunitario también debe ayudar al joven al descubrimiento de sí mismo y de sus posibilidades, porque la identidad y su fe no se construyen sobre sus carencias sino sobre sus recursos.

Niveles del acompañamiento y significación de la pedagogía pastoral.

De otro lado con el correr de los años nos damos cuenta, tanto por la experiencia comunitaria como por las limitaciones o potencialidades que ésta muestra, que la pedagogía no solo está referida a la relación que se establece entre asesor y asesorado, si no que ésta tiene múltiples dimensiones: la personalización necesaria expresada en el acompañamiento personal y la dimensión comunitaria, expresada en el acompañamiento grupal, sin embargo mirando de lejos podemos observar que existe una tercera dimensión, bien trabajada en muchos movimientos, pero que en la pastoral juvenil orgánica se adolece justamente por que depende en ella de las contingencias propias de la planificación de la pastoral de conjunto: la dimensión del acompañamiento orgánico, de estructuración de una pastoral dinámica en una dimensión supracomunitaria

¡Cuidado nada es garantía de tener jóvenes y que permanezcan!

Los jóvenes no solamente están ante diferentes estímulos del medio si no que sus procesos de desarrollo de la identidad y sus mismas necesidades los llevan a ser muy sensibles no sólo al ambiente que puede ofrecer el grupo si no al conjunto de todo el ambiente que les ofrece la Iglesia, a la vez sus propias preguntas o situaciones de vida familiar los llevan a tomar decisiones que a veces cuestionan nuestras apuestas y convicciones, ya que la pastoral juvenil es un espacio abierto por construir y ellos la construyen libremente, es un espacio repleto de desafíos y con pocas seguridades como las que algunos jóvenes podrían añorar también como parte de su forma de estructurar su propia identidad.

[1] La Asesoría como vocación, artículo del Padre José Carlos Rivadeneira, párroco y antiguo asesor de la Pastoral Juvenil Nacional

La Pedagogía Pastoral en los nuevos tiempos (1/3)


(Adaptación) Rafael Egúsquiza[1]

Estas son algunas reflexiones sobre el sentido de la pedagogía pastoral para los procesos de educación en la fe que se desarrollan al interior de la pastoral juvenil.

¿Qué entendemos por pedagogía pastoral?

En el texto Civilización del amor, Tarea y Esperanza[2] se señala que la pedagogía hay que entenderla como “relación que se establece entre educador y educando” y por ello se “expresa en una forma de comunicación, de comportamientos y de actitudes que se dan en el contexto de un espacio y un tiempo determinados”

Evidentemente esta definición nos hace ver que hay una conciencia de que la práctica pedagógica ocurre o depende del encuentro y la intencionalidad del educador, en este caso del acompañante, del asesor y de otro lado el hecho que la relación se basa en el sentido de la relación, para nuestro caso en el sentido evangelizador y en el testimonio, en la actitud del sujeto.

Esta concepción de pedagogía nos lleva a entender que la práctica pedagógica que se desarrolla en el acto de acompañar un proceso formativo dentro de la pastoral se entiende como un acto de evangelización.

La inspiración en la formulación de la práctica pedagógica parte de la intuición que así como Jesús congregó y formó a sus apóstoles en un camino, y a la vez los primeros cristianos intentaron vivir una experiencia comunitaria intensa al estilo de las enseñanzas de Jesús distinguiéndose del común por su testimonio, por su manera de ser y hacer: Una pedagogía al estilo de Jesús.

Esta pedagogía pastoral apunta a que en el proceso existe alguien que acompaña y otro que es acompañado, pero que no existe solo como persona, si no dentro de una comunidad, es más está llamado a vivir su fe en comunidad. Entonces el proceso que propone se dirige a animar la dinámica de personalización del mensaje, como a que éste se incorpore en una dinámica comunitaria, parte de un proceso formativo que alimenta la vida misma del sujeto en todas sus dimensiones.

Por último podemos decir que esta práctica requiere de una mirada optimista del joven, una mirada de fe, acogedora y por supuesto de una Iglesia que esté dispuesta a animar la dinámica juvenil y a asumir la comprensión de sus procesos de cambio, y recibir la novedad de sus aportes y cuestionamientos[3].

¿Comprendemos el sentido de la pedagogía pastoral?

Sin duda que los jóvenes cuando están en procesos serios, donde la parroquia o diócesis o movimiento se responsabiliza del desarrollo de la vida comunitaria y provee los acompañantes para ello, responden y exigen procesos de calidad, aumenta el sentido testimonial y se perciben como comunidad evangelizadora. Los indicadores de este proceso están esencialmente ligados a la presencia de dirigentes, asesores, establecimiento de comunidades vivas, compromisos con perspectiva social, crecimiento de personas que van incorporando en sus experiencias personales de vida y en sus desenvolvimientos cotidianos ciertos valores, método y perspectiva que los lleva a insertarse en espacios de actuación donde se hacen responsables de los demás.

La renovación de los asesores en la pastoral juvenil no ha ido de la mano con la responsabilidad de formarlos en un enfoque que permita priorizar la vocación, la acogida, la práctica, la actitud antes que el discurso o que toda relación pasaba por la aceptación del joven de los contenidos o las formas que se le proponían y no entender que la vida comunitaria siempre es un proceso de construcción personal, sin él difícilmente el anuncio será algo que la recoja el corazón del joven, animado por sus espíritu, su búsqueda de identidad y necesidad de tener una palabra sobre su futuro, también sobre su fe.

La dificultad de ver y asumir con claridad la necesidad de una vida comunitaria centrada en los procesos de acompañamiento formativos que llevan al joven a sumir la novedad de su propia convivencia, han hecho que muchos responsables eclesiales desvaloricen la vida comunitaria, esto ha dado pie al surgimiento de expresiones o grupos que han optado por los encuentros “de conversión” como herramienta de respuesta a las expectativas de los jóvenes. Ciertamente que en el mundo juvenil el encuentro entre otros y con otros, la afectividad, las emociones, son siempre un componente que anima al joven a integrarse alrededor de una propuesta, pero, ello también exige mayores elementos de acompañamiento, eso mismo exige prácticas pedagógicas nuevas.

Una tercera cuestión que ha contribuido a mi juicio, a la dificultad para la comprensión de los procesos de acompañamiento y sobre todo a que está parta desde una pedagogía pastoral, es el poco ejercicio de una metodología comunitaria de discernimiento, que a su vez requiere que el asesor o animador la haya practicado y sepa ponerla en práctica. Un indicador de esta dificultad es la tremenda demanda por recursos, estrategias que hacen los dirigentes y asesores al demandar la formación.

Podemos entender también que estas tres cuestiones propuestas como dificultades son tales desde la perspectiva de la gestión pastoral, pero que están contextualizadas en los cambios que se experimentan a nivel de la sociedad actual.
[1] Actualmente director del Instituto de Pastoral y Desarrollo Juvenil Mayo 2007
[2] Civilización del Amor, Tarea y Esperanza, fue editado por la Sección de Juventudes del CELAM para servir de marco de referencia de la Pastoral Juvenil Latinoamericana, texto que recoge justamente las orientaciones que se han ido construyendo en diversos espacios de delgados de la pastoral juvenil en estos últimos 20 años.
[3] De esto ya nos habla el documento de Medellín (1967), donde se reconoce el aporte necesario de la Juventud a la Iglesia, para que ésta sea siempre joven y fuente de esperanza para América Latina