Comunicación Eficaz (2/2)

EJERCICIO 2.

EL TELÉFONO MALOGRADO

Objetivo: tomar conciencia entre las personas del grupo, que existen pautas básicas para lograr mayor comprensión hacia nuestros mensajes.

Materiales: Una frase compleja para ser transmitida a cada una de las personas participantes en la sesión.

Proceso:

  1. Estando el grupo reunido se les pide formar un semi círculo y se explica que se dará un mensaje a la primera persona del semi círculo para ser transmitido de uno en uno al oído.
  2. El mensaje corre de uno en uno al oido y la última persona dice en voz alta el mensaje que le llegó.
  3. Posteriormente se vuelve a leer la frase y se comprueban las diferencias. En plenaria se comenta qué sucedió; qué factores intervinieron para que la frase no llegue al final tal como fue dada originalmente.
  4. En grupo se identifican los elementos a tener en cuenta para que nuestros mensajes lleguen de la manera más completa posible y de manera comprensible.

La comunicación Eficaz (1/2)

coEJERCICIOS GRUPALES PARA REFLEXIONAR SOBRE LAS BARRERAS DEL DIÁLOGO QUE IMPIDEN UNA COMUNICACIÓN EFICAZ



El grupo es un espacio privilegiado para reflexionar en conjunto sobre las barreras que nos impiden la comunicación. Ser concientes de estos aspectos ayuda a relacionarnos de mejor manera y a aprovechar el encuentro y el trabajo con otras personas para un enriquecimiento mutuo en varias dimensiones de nuestra vida.

Les entregamos varios ejercicios que ayudarán al grupo en este sentido


EJERCICIO 1. LAS BARRERAS DEL DIÁLOGO[1]

Objetivo: tomar conciencia entre las personas del grupo, de algunas barreras que nos impiden una comunicación eficaz.

Materiales: copia de la hoja “Barreras de una comunicación eficaz” para cada uno/a


Proceso:
1. Al comienzo del ejercicio el animador expondrá en pocas palabras algunos puntos sobre las barreras de la comunicación.
2. Enseguida distribuirá una copia de las “Barreras de una comunicación eficaz” a cada miembro participante para que de manera individual, subrayen las cinco barreras más frecuentes según su modo de ver.
3. Subgrupos de cuatro o cinco miembros compartirán entre sí el trabajo individual y las razones por las cuales señalaron esas cinco barreras como más serias.
4. Cada participante puede revisar las barreras que ha escogido y, si quiere, puede hacer algún cambio, en base en la discusión hecha.
5. A continuación y ya en plenaria, el o la animadora de la reunión, leerá una por una las barreras de la comunicación que figuran en la lista, y cada grupo podrá manifestarse a fin de contar el número de veces que esa “barrera” fue señalada por los miembros del grupo.

(Los grupos entregarán los resultados en un listado, para seleccionar entre todos, los tres problemas más frecuentes, y seguir con los pasos siguientes)

6. El animador seleccionará al final las tres barreras que fueron más señaladas por los miembros del grupo. Luego se reorganizarán los subgrupos para darse la oportunidad de trabajar con otros participantes; y se les dará treinta minutos para encontrar las soluciones a estas barreras a las que resultaron ser las barreras de comunicación más frecuentes en el grupo.
7. Terminado el plazo, se reúne el plenario para oír y discutir las soluciones presentadas.




“Barreras para una comunicación eficaz”
Una comunicación pobre es muchas veces el resultado de muchos factores.
Marque con una “x” los cinco factores que a su modo de ver, son las barreras más frecuentes para una comunicación eficaz.


1. El emisor tiene poco conocimiento del tema o una preparación inadecuada.
( )
2. El emisor no cree en el mensaje o en la política que está detrás del mensaje.( )
3. El receptor tiene poco conocimiento del tema o está inadecuadamente preparado.
( )
4. El receptor no está interesado en el asunto.
( )
5. Tanto el receptor como el emisor, están momentáneamente preocupados por otras cosas.
( )
6. Tanto el emisor como el receptor usan un vocabulario diferente, desconocido.
( )
7. Una dificultad física o psicológica de las personas, para decir lo que piensan.
( )
8. Las diferentes culturas entre quienes se comunican.
( )
9. Las comunicaciones parten de diferentes suposiciones.
( )
10. Una de las personas tiene reacciones hostiles o negativas para con el otro.
( )
11. La presión del tiempo
( )
12. No “escuchar” al que se comunica.
( )
13. Creer que siempre tenemos la respuesta acertada, incluso antes de escuchar. ( )
14. El que escucha con ansias de “enseñar”, “el otro no sabe”
( )
15. La persona con baja autoestima.
( )
16. Otra barrera que no aparezca …
( )


[1] Extraído de Compartiendo un camino: pedagogía del acompañamiento. Amparao Huamán y Ze Everaldo Vicentello. Centro de Estudios y Publicaciones. Diciembre 2009

EL GRUPO: OPCIÓN PEDAGÓGICA EN EL ACOMPAÑAMIENTO A JÓVENES(1)



Etapas del Grupo


Un grupo que se plantea la meta de llegar a ser una comunidad de vida, es decir, que decide compartir la vida para “crecer”, va a pasar por diferentes etapas.
Es importante hacer notar que no todos los grupos alcanzan la madurez, en muchos casos se quedan estancados en alguna etapa hasta que mueren como grupo. El proceso que vive un grupo hasta llegar a su etapa adulta lo podemos comparar con las etapas de desarrollo que experimenta el ser humano a lo largo de su vida.
Las etapas de la vida del grupo son similares a las del desarrollo humano. No necesariamente tienen un tiempo determinado, porque eso depende del ritmo del grupo. Podríamos decir que hay una etapa de iniciación – prenatal, niñez-, luego una etapa de fortalecimiento – adolescencia, juventud- y, finalmente, una etapa de maduración –adultez-.
Para determinar la etapa, en que se encuentra un grupo, hay que observar cómo se presentan los diferentes elementos que lo constituyen

Etapa prenatal. Se llama así al período que antecede al primer encuentro, antes de nacer como grupo. El grupo existe sólo en la imaginación y en los proyectos de los organizadores. Es el período de promoción, de invitación, entrevistas, inscripciones, de formación de los animadores.
Esta etapa la lleva a cabo el asesor junto con algunos futuros miembros del grupo que han mostrado interés o que el asesor ha invitado porque descubrió en ellos algunas características adecuadas, para iniciar un Grupo.
Es conveniente que la propaganda, las invitaciones; esté a cargo de jóvenes. Ellos tienen el lenguaje de pares, saben como “llegar” a otros jóvenes.
Algunos jóvenes se van inscribiendo, el grupo se concreta, no es sólo una idea o un proyecto.

Etapa de la niñez. Es el período de inicio. Esta etapa es importante porque define el estilo, tipo de relaciones, roles del grupo. En esta etapa se empieza a configurar el liderazgo, la estructura y, lo fundamental, el objetivo del grupo. Cabe anotar que el logro definitivo, se conseguirá en etapas posteriores.
En esta etapa, es indispensable la presencia permanente del asesor. Como un niñito, el grupo, necesita a su mamá al lado. El asesor propone la forma de organización, los objetivos; los integrantes todavía no tienen mucha seguridad en sus propios intereses, tampoco han desarrollado relaciones interpersonales confiables. La estructura aparece como una estructura vertical.
Para que esta etapa se desarrolle adecuadamente y suponga un fundamento sólido para el desarrollo del grupo, es de vital importancia el rol del asesor.

Etapa adolescencia. Es la etapa de crecimiento. Los miembros del grupo necesitan afirmarse frente al líder, diferenciarse. Es un proceso semejante al del adolescente con sus padres. Surgen líderes, cuestionan al asesor. Se rompe cualquier situación de dependencia, que pudo haber surgido.
Las relaciones entre los miembros se van acercando, van haciendo relaciones primarias. Hay más participación. Se replantea el objetivo inicial. Llevará tiempo ponerse de acuerdo.
El grupo empieza a sentir que necesita una estructura más horizontal, organizarse como grupo, poner ciertas normas, etc.
Etapa juvenil. El grupo se consolida. Asume responsabilidades. El liderazgo se comparte.
El líder reparte juego, reparte responsabilidades, acepta la iniciativa y la creatividad del grupo. Las relaciones se profundizan.
Hay interés por cada miembro del grupo. Se inicia la etapa de reflexión.
El objetivo se consolida. Se siente la necesidad de proyección. Salir del interés intragrupal. Semejante a la persona: conforme crece se abre a la relación con los demás.
La estructura se consolida. Los roles se definen, se trabaja en equipo y en comisiones.
Etapa adulta. Es la etapa de consolidación. El líder es uno más del grupo, se le respeta como líder pero ejerce su liderazgo democráticamente. Las relaciones se profundizan. Los objetivos corresponden a objetivos que comprometen la vida de los integrantes. No son objetivos superficiales o más personales.
La estructura se vuelve más horizontal. Los roles, los servicios y las tareas; son realizados por servicio al grupo y no como una situación de poder.
¿Cuánto tiempo dura cada etapa? Cada grupo tiene su tiempo, tiene su ritmo y hay que respetarlo. No hay que forzar etapas hasta que el grupo no esté preparado. El grupo, casi sin darse cuenta, pasa de una etapa a la otra.
(1)Extraído de Compartiendo un camino: pedagogía del acompañamiento. Amparo Huamán y Ze Everaldo Vicentello. Centro de Estudios y Publicaciones. Diciembre 2009.

El grupo: opción pedagógica en el acompañamiento a jóvenes(1)(1/2)


El grupo debe ser tomado siempre como un espacio de crecimiento de los jóvenes donde los jóvenes se sientan acogidos, donde se sientan queridos, aceptados por ellos mismos. Se sientan parte “de”, incluidos en algo, lo que llamamos pertenencia.
Toda persona acude a un grupo con necesidades interpersonales específicas e identificables. Schutz, autor de la teoría de las “necesidades interpersonales”, afirma que “los miembros de un grupo no logran integrarse en él sino a partir del momento en que el grupo les satisface ciertas necesidades fundamentales”. Esas necesidades son fundamentales, sigue diciendo Schutz, porque todo ser humano que se une a un grupo, cualquiera que sea, las experimenta en mayor o menor grado. La necesidad de inclusión, la necesidad de control y la necesidad de afecto. La preocupación inicial de todo individuo, al entrar en un grupo, es la inclusión; luego pasa a la necesidad del control y, finalmente, procura satisfacer su necesidad de afecto.
Personas que han investigado la época de violencia terrorista, al referirse a la motivación de muchos jóvenes para enrolarse en Sendero Luminoso, decían frecuentemente que muchos jóvenes confesaban que habían entrado a esos grupos porque ahí “se sentían bien, se sentían acogidos, se sentían queridos, se sentían importantes”. Esas respuestas suponen un gran desafío para nuestros grupos. Leer y profundizar en lo que platea Silvio Fritz, autor de “La ventana de Johari”, quien dice que tendríamos que ir por la vida imaginando que todas las personas llevamos colgado un letrero que dice: “Yo soy muy importante“; porque todos en verdad lo somos. Nos ayudaría a intentar hacer frente al desafío que mencionábamos.
El espacio grupal debería ser un espacio donde los jóvenes se sientan importantes, se sientan escuchados, se sientan acogidos, se sientan queridos, se sientan aceptados como son. A la vez, debería suponer un proyecto que les posibilite crecer, madurar, hacerse personas. Un espacio donde tengan la posibilidad de descubrir lo que necesitan cambiar y la posibilidad de ser acompañados en ese proceso de cambio. Si el grupo no posibilita el crecimiento de sus miembros, se convertirá, antes o después, en un refugio.

¿Cómo evitar que el grupo sea refugio? En el grupo se acepta, se acoge; pero también se acompaña en el descubrimiento de las zonas en las cuales es necesario que se suscite
n cambios. Debemos tener en cuenta, que los cambios no se realizan en un día. Suponen un proceso, el proceso de acompañar.
Para que el acompañamiento sea efectivo, es necesario que se establezca un VÍNCULO, una RELACIÓN, es a través de ese vínculo como se irá desarrollando el proceso que suscitará el crecimiento de los acompañados.

(1)Extraído de Compartiendo un camino: pedagogía del acompañamiento. Amparo Huamán y Ze Everaldo Vicentello. Centro de Estudios y Publicaciones. Diciembre 2009.

Resolviendo conflictos en el grupo (1) (2/2)



Dos Métodos para la resolución de conflictos(2)

1. 5 pasos

Ante un conflicto lo mejor es tener un IDEAL:

I: Identifiquen el problema y las emociones que genera.
D: Determinen las soluciones posibles o alternativas al problema.
E: Evalúen los méritos o ventajas de cada posible solución.
A: Actúen, optando por la mejor solución
L: Logren aprender de lo que hicieron para resolver el problema.

2. Ver - Juzgar - Actuar

VER
1. Presentación a fondo del supuesto hecho conflictivo por una o varias partes afectadas.
2. Aspectos a destacar como los más significativos del hecho (actitudes, experiencias, situaciones claves...)
3. Expresión de los sentimientos suscitados en cada una de las personas que componen cada parte, y si procede, en las personas observadoras (comunicación asertiva). Comparación con hechos similares del pasado o del presente.
4. Consecuencias a todos los niveles que se están derivando del hecho.
5. Causas que presumiblemente lo han provocado (personales, ambientales, estructurales etc.)

JUZGAR

1. ¿Qué pensamos -a nivel personal- sobre el hecho, sus causas y consecuencias? Referirlo a nuestros valores y contravalores personales.
2. Feed back. ¿Cómo ve cada persona del grupo a cada una de las personas o partes implicadas?
3. ¿Cómo valoran o actúan con respecto a hechos de este tipo otros grupos, movimientos etc. de nuestro entorno o la gente en general?
4. Contrastar los elementos significativos del conflicto antes enunciados con los valores ideológicos de nuestro colectivo (nuestra tradición, bases ideológicas, nuestros valores ideológicos no escritos...)
5. Valores colectivos nuestros que se potencian o deterioran en este conflicto.
6. Aportar referencias concretas de personas, personajes o grupos que han actuado o dejado por escrito pautas con respecto a hechos y valores similares.
7. La realidad nos interpela: ¿tenemos algún desafío que definir y encarar?
8. ¿Cómo podemos ayudarnos mutuamente en esta crisis?

ACTUAR


1. ¿A qué acción concreta se compromete cada persona a partir de todo lo anterior en relación a los hechos expuestos?
2. ¿Qué actitud personal estoy dispuesto(a) a ir trabajando?
3. ¿Qué medios concretos va a emplear cada cual para desarrollar los compromisos contraídos?
4. ¿Es posible establecer compromisos concretos de carácter grupal? ¿Está el grupo dispuesto a hacerlo? ¿Qué compromisos son ésos y qué medios se acuerdan para ponerlos en práctica?
5. ¿Cual es el plazo para desarrollar los compromisos personales y grupales? ¿Qué fecha se fija para evaluar el cumplimiento de los mismos?


(1)Extraído de Compartiendo un camino: pedagogía del acompañamiento. Amparo Huamán y Ze Everaldo Vicentello. Centro de Estudios y Publicaciones. Diciembre 2009 (2)PROGRAMA DE CAPACITACIÓN CONTRA LA VIOLENCIA en: http://actagainstviolence.apa.org/spanish/2c.pdf

Resolviendo conflictos en el grupo (1/2)




Definición de Conflicto (1)

Los conflictos son inevitables y necesarios. El objetivo no es eliminarlos o evitarlos sistemáticamente, sino saber encauzarlos. Tampoco hay que buscarlos, ni crear ocasiones de que se den (eso sería masoquismo). Lo importante es saber que para que haya crecimiento y maduración de las personas y grupos son necesarios los conflictos. Por ello hay que verlos de forma positiva, como ocasión de toma de conciencia y cambio para mejorar. El objetivo es resolver los conflictos obteniendo mejoras para cada una de las partes. Pero esto no siempre es posible, ya que hay conflictos que no tienen solución inmediata. En este caso el objetivo no es la resolución, sino la regulación, que permite vivirlos de la forma más constructiva posible.

El conflicto está presente en el discurrir de lo cotidiano. “Es parte de la vida”, como solemos decir. El conflicto, en principio, no está marcado por lo negativo. A semejanza de las crisis, o de los acontecimientos frustrantes; podemos manejarlos de modo que supongan desafíos a superar y que redunden en ocasiones de crecimiento personal. El problema consiste en que ese tipo de eventos, los solemos asumir como amenazantes y surge la necesidad de defendernos.

En un grupo, los conflictos pueden suponer ocasión de crecimiento. De lo que se trata es que los manejemos adecuadamente.

En primer lugar es necesario reconocer el conflicto, nombrarlo. Ubicar sus causas. Entender por qué determinado evento nos afecta hasta el punto de suscitar malestar, que puede expresarse de diferentes modos y maneras.

En segundo lugar se debe dar un diálogo, alturado y maduro, entre los involucrados. En un clima relajado poder expresar los sentimientos negativos que el evento en cuestión ocasionó. Que cada uno de los involucrados asuma la responsabilidad que tiene en el conflicto.

Un tercer paso supondrá encontrar soluciones viables y ventajosas para todos. Encontrar juntos los canales de puesta en práctica.

Propuestas concretas de regulación

Hemos mencionado que la resolución no siempre es posible, ya que hay conflictos que no tienen solución inmediata. En este caso el objetivo no es la resolución, sino la regulación, que permite vivirlos de la forma más constructiva posible.
Para ello, es más que importante la comunicación asertiva.
La importancia de sentarse y comunicarse desde los sentimientos, eludiendo los juicios. El saber los sentimientos provocados en la otra persona por mi actuación, me permite tomar conciencia de mis posibles equivocaciones, y acercarme a la otra persona desde un mayor descubrimiento de su realidad humana. Muchísimos conflictos se resuelven así, sencillamente. Lo único que hace falta es una buena dosis de honradez y sinceridad, por lo menos en una de las partes.

Elementos importantes:

• Actitud abierta
• Honestidad personal que contribuya a reconocer nuestros errores y mejoras
• Dar al conflicto la dimensión más objetiva que sea posible
• Respeto al antagonista, siendo consciente que es una persona importante y digna de valoración.
• Estar convencidos de que ningún ideal es tan importante que su defensa suponga un conflicto con otra persona.
• Actitud dinámica que contribuya a encontrar soluciones
• Paciencia,
• Empatía.

(1) Extraído de Compartiendo un camino: pedagogía del acompañamiento. Amparo Huamán y Ze Everaldo Vicentello. Centro de Estudios y Publicaciones. Diciembre 2009

Repercusiones de la nueva cultura juvenil [1] (2/2)



José María Tojeira, sj.

El educador y el acompañante espiritual de los jóvenes debe tener en cuenta que sin desarrollar el sentido crítico, jamás llegaremos a esa sabiduría cristiana profunda, enraizada en el amor y el servicio a los más pequeños, tan indispensable para la propia identidad de nuestra fe. La cultura de la imagen ha ido convirtiendo al cuerpo en el lugar preferencial de comunicación personal. La apariencia, el vestido, el peinado, el olor expresan necesidades de comunicación. Y a pesar de los cambios permanentes en las modas, la moda de cada generación se convierte en un signo de gregarismo que identifica a un grupo y lo diferencia de los demás. El culto al cuerpo aleja en general del diálogo basado en confrontación de experiencias y/o ideas, y hunde a las generaciones en una especie de incomunicación con grupos diferentes al propio. El antiguo chiste de gallegos, que decía que 40 paisanos de esta procedencia iban juntos a una fiesta nocturna, y al andar entre las sombras se sentían solos, cobra una nueva dimensión en la soledad de jóvenes demasiado refugiados en expresiones individualistas, que tienen como factores fundamentales de relación con los demás el propio cuerpo, el erotismo como expresión afectiva, y las modas como vínculo generacional. Trabajar con jóvenes supone, como siempre, una gran capacidad de escucha, pero también un conocimiento suficiente de dinamismos afectivos y crisis de crecimiento, y la capacidad de decir una palabra orientadora y alentadora. La supresión del discurso racional y la omnipresencia englobante de lo afectivo, dentro de una cultura de masas excesivamente comercializada, ha llevado al predominio de una cultura más pragmática y menos sapiencial, como ya hemos dicho. Es la cultura del corta y pega en los trabajos a computadora. La combinación de una excelencia instrumental con un mundo afectivo cerrado a la reflexión y autocrítica, ajeno a la sabiduría como modo de ser y estar en la vida, dificulta con frecuencia la creación de dimensiones comunitarias hondas. Aumenta la tendencia a buscar soluciones de corto plazo. Y se olvida con facilidad la tarea de pensar en profundidad sobre el misterio de lo humano. Lo que importa es manejar adecuadamente los instrumentos que puedan dar soluciones y respuesta inmediatas a las pulsiones y problemas que van surgiendo en la vida. La tendencia, favorecida por internet, de convertir en virtuales algunas relaciones humanas, amistad, sexo, que implican presencia para darse en toda su hondura y plenitud, puede ser un ejemplo de lo que decimos, especialmente en jóvenes que, por timidez o encerramiento personal, prefieren buscar respuestas inmediatas a sus necesidades en vez de emprender la a veces compleja búsqueda de solución a fondo de los propios problemas. Dar el salto a dimensiones sapienciales, indispensables en la vida cristiana, desde una cultura de imágenes cambiantes y rápidas, en las que la razón instrumental domina y donde lo virtual puede con facilidad sustituir, aunque inadecuadamente, necesidades reales, no es fácil. Enfrentar problemas existenciales, llegar desde lo nuevo a lo que permanece en el corazón humano, ser capaz de saborear la vida desde opciones fundamentales y de largo plazo, convertir en esperanza los anhelos profundos del corazón, ha implicado siempre un tránsito difícil, en el que el acompañamiento espiritual y humano ha sido fundamental. Prepararse hoy para acompañar a nuestros jóvenes requiere un esfuerzo intelectual, reflexivo y de autoposesión probablemente más complejo que en otras épocas. En ese sentido la formación especializada de quienes tienen vocación y capacidad de trabajar con jóvenes se muestra como una necesidad más urgente cada día. Y no podemos decir que al final los jóvenes llegarán a adultos y ahí, mal que bien, en esa etapa, y al enfrentar los problemas reales, entre golpes y fracasos, acabarán encontrando el camino. De hecho la cultura juvenil está incidiendo en la conformación de un nuevo tipo de adulto, mucho más relativista y elástico en su relación con la realidad. Y aunque este nuevo estilo no sea necesariamente malo (incluso puede ser un aporte de la cultura juvenil al mundo adulto), este nuevo concepto del adulto contemporáneo, todavía en génesis y evolución, puede entorpecer todavía más los procesos de maduración del joven. Del adulto con una personalidad hecha, coherente, que opta por responsabilidades de largo plazo, se está pasando a otro tipo de adulto, mucho más caracterizado por la flexibilidad y la adaptación constante. Y aunque flexibilidad y adaptación son realidades positivas, pueden conducir a un cierto relativismo que dificultaría la aprehensión de algunos valores cristianos fundamentales.

[1] Vicentello G Ze Everaldo, José Marìa Tojeria sj, Maximiliano Figueroa M. (2006).Culturas juveniles. Reto pastoral. Serie: Jóvenes construyendo nuestro tiempo. Lima: IBC-CEP

Repercusiones de la nueva cultura juvenil [1] (1/2)


José María Tojeira, sj.

Nos encontramos, de cara a nuestros deseos de trabajar apostólicamente con los jóvenes, con una juventud cambiante. En los años cincuenta del siglo pasado el discurso a las relativamente pequeñas capas de jóvenes de clase media, que eran los únicos que de algún modo representaban como clase a la juventud, era el mismo que en los años veinte. En aquel entonces los campesinos adquirían responsabilidades, incluso matrimoniales, muy jóvenes y los obreros no tenían propiamente juventud, sino que entraban de repente al mundo adulto en calidad de aprendices. Todavía hoy en muchos de nuestros colegios e institutos se repiten las mismas palabras, y casi con el mismo tono: Los jóvenes son la esperanza del mañana, los encargados de mejorar la realidad, etc. Se partía, y se sigue partiendo en estos discursos, del concepto de juventud como tránsito hacia el mundo adulto. Pero en la medida en que sólo se maneja ese discurso, la tendencia es a producir en los jóvenes desinterés y aburrimiento. Porque los jóvenes de hoy cambian radicalmente de estilo y costumbres, en ocasiones en una sola generación. Caricaturizando extremos, y como ejemplo para entendernos, de los hippys revolucionarios, en sus versiones pacifistas o más agresivas, barbudos y no demasiado limpios, hemos pasado, como ideal juvenil al deportista metrosexual, amante de los cosméticos y las modas masculinas. La comercialización de lo joven ha ocasionado, entre otros factores, este dinamismo movedizo y cambiante de la cultura juvenil. En ese sentido trabajar hoy con el mundo juvenil requiere una mayor apertura a los cambios, una atención mayor a las modas y un estudio más sistemático de la cultura juvenil.

No basta con partir de la propia experiencia para entender el fenómeno. El paso de la cultura de la palabra a la cultura de la imagen, junto con otros factores, incluida la así llamada revolución sexual, ha ido reduciendo la expresión de los sentimientos y dejando mayor espacio a las dimensiones erótico-sexuales. El mundo afectivo se ha convertido en una especie de referencia englobante entre nuestros jóvenes, mientras la dimensión racional pierde terreno. La inseguridad afectiva, e incluso la sexual, aumenta y tiende a manifestarse con mayor claridad creando crisis en muchos aspectos novedosas. Las estadísticas siquiátricas de la década de los sesenta del siglo pasado solían manejar la depresión como un fenómeno muy mayoritario en personas de las que hoy llamamos de la tercera edad. Muchas veces personas que no se adaptaban en el paso de la vida activa al retiro. En los últimos 30 años el aumento de las depresiones en el sector poblacional juvenil ha mostrado un auge notable. El aumento de la inseguridad afectiva contribuye también a crear dinamismos violentos en la relación personal. El trabajo con jóvenes, en este contexto, supone, para llegar a resultados adecuados, el conocimiento suficiente de la cultura de la imagen, así como la capacidad crítica ante ella, conocimientos sicológicos adecuados y una gran capacidad de escucha. Para los propios educadores se convierte en un dilema la tendencia a oponer excelencia y sabiduría. Es más fácil, por decirlo así, y sin menospreciar la docencia, dar una buena clase que unos buenos Ejercicios Espirituales. Más fácil formar personas adaptadas al sistema y con posibilidades de triunfo en el mismo, que seres humanos críticos y con posiciones morales sólidas. La excelencia se concibe más como adaptación a la realidad, como triunfo individual, que como riesgo en la prosecución de un ideal.

[1] Vicentello G Ze Everaldo, José Marìa Tojeria sj, Maximiliano Figueroa M. (2006).Culturas juveniles. Reto pastoral. Serie: Jóvenes construyendo nuestro tiempo. Lima: IBC-CEP