Cambios civilizatorios, mundialización y nuevo horizonte cultural juvenil (3/5)



Sandro Macassi(1)

1.3. Obsolescencia generacional y socialización horizontal

Hemos venido sosteniendo que los patrones, modelos y formas de actuar que la sociedad promueve en los jóvenes a través de sus instituciones socializadoras principales (la familia, la escuela, la iglesia y los medios, en especial las telenovelas), no coinciden con el mundo real que los jóvenes tienen que enfrentar a diario. Los jóvenes palpan la brecha entre lo que se pretende enseñar en estas instituciones y la realidad.
[2]

Tradicionalmente se habló de brecha generacional entre los valores de la generación surgida en los años cuarenta y cincuenta y aquellos valores que aportaron los jóvenes de los años sesenta. En estos tiempos estamos frente a un fenómeno diferente, no se trata de una brecha, de una distancia sino de su futilidad, es decir que aquello que se socializa en las instituciones no se puede poner en práctica y evidencia un desfase entre los cambios en la forma de vida actual con lo que oficialmente se promueve.

La diversidad de tipos de familias, el trabajo precario e informal, la cultura del sálvese quien pueda, la ciudadanía de segunda categoría y las tecnologías de la información y comunicación, generan todo el tiempo en el joven una disonancia cognitiva entre los valores y prácticas que la sociedad promueve y lo que tienen que enfrentar.

Esta obsolescencia generacional es evidente en la relación que los padres establecen con los hijos, pero también respecto al empleo, la puerta de entrada a la adultez, pues en el escenario actual dos de cada tres jóvenes no encuentran trabajo y la mayor fuente de ingresos ya no es el empleo estable ni dependiente, sino el autoempleo, la micro y pequeña empresa; sin embargo, ni la escuela ni los institutos superiores o técnicos forman a los jóvenes para hacerse cargo de pequeños negocios. No existe un desarrollo de habilidades gerenciales ni se aborda el fomento de actitudes y motivaciones de conducción y liderazgo, lo cual demuestra que la educación como institución socializadora se encuentra desfasada de las demandas del mercado y de la realidad laboral del mundo adulto para la cual supuestamente está formando a los jóvenes. La obsolescencia, por lo mismo, genera no sólo una falta de calificación de los jóvenes ante el mercado realmente existente, sino que además, representa una oportunidad perdida para la sociedad de canalizar la creatividad y laboriosidad de los jóvenes para articular la pequeña y micro empresa al sector exportador con una perspectiva de equidad.

Sin embargo la obsolescencia generacional es más dramática en la relación entre profesores y alumnos. Los textos escolares presentan modelos familiares que los niños no encuentran al llegar a sus casas, viviendo como carencia la jefatura de la madre o la presencia de hermanastros. Es muy poco lo que se avanzó en incorporar en la escuela textos sobre prevención de la violencia doméstica, educación de la sexualidad, aun cuando el entorno que los jóvenes tienen en sus barrios está plagado de situaciones de riesgo.

En la medida en que las instituciones no están cumpliendo su rol, es crítica la falta de fajas de transmisión de la experiencia social, que permita recuperar aquello que sí sirve y es útil como lección aprendida para los jóvenes. En nuestro país, es más crítica aún, pues la hiperinflación y el terrorismo, durante el primer gobierno aprista y el autoritarismo durante los gobiernos fujimoristas contribuyeron a la des-institucionalización del país. Con ello, algunas instituciones ya no pueden cumplir el rol de bisagras entre el mundo adulto y los jóvenes, y se dificulta la transmisión de la experiencia. La debilidad actual de los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones populares entre otros, es parte de un escenario donde no hay espacios que generan encuentros e intercambio generacional. Ciertamente, el proceso de regionalización abre la posibilidad, a través de la participación de los jóvenes en los espacios de concertación, de incluir las expectativas y demandas juveniles en la agenda de gobierno y ser espacios de intercambio generacional. Lamentablemente eso aún es muy lejano: en el 2005 los grupos juveniles apenas representaron el 0.52% de las organizaciones que participaron de estos procesos, según el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).

Además, debemos subrayar que a las características de la condición juvenil, antes descritas, se les suma la crisis de la representación política, y en especial la brecha cada vez más grande entre el discurso y la práctica política frente a las sensibilidades juveniles. Se trata pues de esferas muchas veces en conflicto, lo que dificulta que las necesidades básicas de los jóvenes puedan traducirse en demandas y éstas en representación política. Por ello, los jóvenes buscan canales de expresión para sus insatisfacciones, para su dolor y confusión, para ser protagonistas de su ciudad, en las paredes, territorializando el espacio público, tatuando sus pieles, bailando, cantando, y en muchas ocasiones de manera autodestructiva y conflictiva.

Las instituciones no sólo cumplen un rol de intercambio social entre las generaciones, sino que también cumplen una función cognitiva de interpretación y organización mental de la realidad, básicamente a través de las ideologías o culturas institucionales. La debilidad institucional no facilita al joven el soporte cognitivo que supone interpretar el mundo, darle sentido y continuidad, de allí que el joven se encuentre constantemente desconcertado y en ocasiones esto se exprese en su constante cambio y volubilidad. Sin embargo ello no impide que los jóvenes se adhieran a marcos interpretativos que les sirvan para operar en la vida cotidiana, y que recogen de la cultura masiva nacional, la cultura global y de las múltiples opciones que Internet provee.

La obsolescencia generacional debe comprenderse como un desplazamiento de la socialización vertical (padres, maestros, religiosos, adultos) por un mayor peso de la socialización horizontal y lúdica obtenida a través de los pares, la televisión y la Internet. No obstante, estas formas de socialización no cumplen su rol a cabalidad, no siempre están pensadas para ello, de allí que sea común que los jóvenes experimenten la sensación de estar perdidos, sin poder explicar qué les sucede, ni qué está ocurriendo en su entorno. Por ello el surgimiento de culturas juveniles, las pandillas, las tribus urbanas, las barras bravas, e incluso los grupos e iniciativas juveniles se presentan como espacios de protección, protagonismo, de soporte social y cognitivo.

[1] Macassi Lavander Sandro, Ricardo Blanco Beledo. (2006) Los nuevos sujetos de la globalización. Serie: Jóvenes: construyendo nuestro tiempo. Lima: IBC-CEP
[2] MACASSI, Sandro (2002). Culturas juveniles, medios y ciudadanía, Lima, Calandria.

Cambios civilizatorios, mundialización y nuevo horizonte cultural juvenil (2/5)



Sandro Macassi(1)

1.1. Bono poblacional, crisis económica y cultura del consumo

La juventud ha tomado importancia en Latinoamérica básicamente por la confluencia de dos procesos: el bono demográfico
[2] juvenil y la crisis económica. En los países del hemisferio norte, la explosión demográfica juvenil desarrollada en los años 60 coincidió con un periodo de expansión económica y una tendencia mundial hacia el cambio social, que generó que la juventud canalizara sus demandas por esa tendencia.

En Latinoamérica el bono demográfico juvenil iniciado en los mediados de los noventa se desarrolla en un contexto económico diferente. Se evidenció una incapacidad estructural del Estado y una falta de previsión de los gobiernos para dar cuenta de las demandas juveniles por viviendas, empleos dignos y una educación de calidad, etc. El escenario actual avanza a contracorriente, hay un deterioro progresivo de la educación pública, la precarización del empleo se ha constituido en una política de Estado, y las familias jóvenes son las que engrosan las cifras de la pobreza extrema.

Los gobiernos de Latinoamérica y en especial el peruano, han fracasado en generar políticas públicas a favor de las juventudes. Ni los lineamientos de políticas de juventudes desarrollado por el Promudeh o los lineamientos nacionales de juventud desarrollados participativamente por el CONAJU del gobierno de Toledo, son usados como herramientas para la gestión pública y la asignación de presupuestos. La escasa voluntad política ha sido crónica al momento de orientar el Estado a favor de las problemáticas juveniles.

Además existen muy pocos programas sociales que aborden la condición juvenil, y los programas que benefician a jóvenes como parte de un paquete dirigido a la población en general, no consideran la situación juvenil y los problemas que los circundan, prolongándose indefinidamente su situación de exclusión.

La existencia de un mayor número de jóvenes viene generando una lucha por el acceso a recursos. En un escenario de carencia y de falta de oportunidades, sin programas sociales compensatorios, los jóvenes pugnan entre sí para la satisfacción de sus necesidades materiales, simbólicas, culturales e identitarias, que, como se ha visto en otras sociedades, suelen generar altos grados de conflicto, y procesos de deterioro social. Éstos en ocasiones derivan en anomia generalizada, no respetan las normas sociales de convivencia, debilitan la ética, y frecuentemente producen una cultura de la trasgresión, destruyendo la convivencia social entre los grupos de jóvenes, entre éstos y los vecinos y generando más dificultades para establecer procesos concertados y dialogantes.

Al mismo tiempo que los jóvenes tienen serias dificultades para insertarse en la sociedad y transitar hacia la adultez con la plenitud de derechos, el mercado presenta a la juventud como el arquetipo al cual aspirar, de modo que el consumo se orienta a parecer joven, actuar como joven y perpetuar la juventud como la panacea del desarrollo humano, cuando las dificultades para ejercer sus derechos son diametralmente diferentes. Asimismo, el mercado a diferencia de décadas pasadas, amplió y diversificó su oferta comercial para jóvenes, especialmente en estos tiempos en que la industria ya no se orienta a los bienes estandarizados y masivos sino personalizados. La juventud se enfrenta a una fuerte presión por el consumo y la diferenciación a través de los signos exteriores: vestidos, prácticas de consumo, espacios de consumo, en otras palabras hay una diversidad de estilos de vida que los presiona hacia la satisfacción de las necesidades materiales y no las de su desarrollo integral. Prueba de ello es que en toda la programación masiva y por cable es difícil encontrar programas dirigidos a los adolescentes o a jóvenes donde se aborden sus preocupaciones, problemáticas y conflictos, entre pares, con la familia o la escuela. Si sumamos a esto la escasez de oferta estatal de atención a los jóvenes, tenemos que hay una fuerte presión por el materialismo que convive con las preguntas a veces desesperanzadoras de los jóvenes respecto a su futuro y su presente.

Sin embargo, el consumo viene constituyéndose también en una forma de inserción del joven en el mundo adulto, debido a que éste organiza la cotidianidad y le da sostenibilidad. Pero el consumo para los jóvenes es también la vinculación con la mundialización de la cultura a través de Internet, conformándose comunidades de consumidores transfronteras, que cada vez con más frecuencia dan el paso de ser comunidades de consumo a comunidades de resignificación, glocalización y acción social como las culturas juveniles de rock, de grafiteros, góticos, etc.

[1] Macassi Lavander Sandro, Ricardo Blanco Beledo. (2006) Los nuevos sujetos de la globalización. Serie: Jóvenes: construyendo nuestro tiempo. Lima: IBC-CEP
[2] Consiste en el crecimiento de un sector poblacional durante un periodo de tiempo en el cual alcanza su máximo nivel de población; en el caso de los jóvenes constituye un reto para la política pública y la planificación gubernamental a fin de aprovechar este crecimiento y orientarlo hacia metas de productividad y desarrollo.

Cambios civilizatorios, mundialización y nuevo horizonte cultural juvenil (1/5)

Sandro Macassi L.

Podemos identificar cuatro factores que creemos son claves para explicar el nuevo horizonte cultural. En un primer lugar tenemos la condición de exclusión que la moratoria social adquiere en nuestros países. Un segundo factor consiste en la confluencia entre el bono poblacional y la crisis económica que embarga estos países. El tercer factor está referido al desgaste de las tradicionales instituciones socializadoras del siglo pasado que regían el paso del joven a la sociedad adulta, y por último el cuarto factor consiste en los cambios en la producción de conocimiento y comunicación social basados en la digitalización. A continuación analizaremos cada uno de estos cambios.

I. Factores claves para explicar el nuevo horizonte cultural


1.1. Moratoria social como experiencia de exclusión

El periodo de preparación y estudio que los jóvenes experimentan para su inserción en el mundo adulto, era denominado por los sociólogos clásicos como periodo de “moratoria social”. Esta etapa, que no estaba presente en contextos culturales no industriales, se caracterizaba por poner al joven bajo la tutela de las principales instituciones socializadoras, la familia, la escuela y la iglesia, que tenían como misión preparar al joven para su inserción en el mundo adulto. Durante este periodo el joven se encontraba en una etapa de tutela o padrinaje institucional que en la práctica operaba como una suspensión del ejercicio de sus derechos.

Actualmente la situación de moratoria social no sólo ha significado en la práctica la suspensión de sus derechos, sino que también se ha constituido en una categoría de exclusión que opera en la vida cotidiana, que es un parámetro de actuación de funcionarios, autoridades y de parientes. La exclusión generacional crea una situación de “limbo social”, por la cual los jóvenes tienen derechos nominales pero no los pueden ejercer.

La moratoria social genera también la invisibilidad de las demandas y de las problemáticas juveniles. Sin un reconocimiento adecuado de sus problemáticas, sin canales de representación y de actoría social, los jóvenes se encuentran en la cola eterna de la política pública, quedando como única expectativa la de llegar a la adultez para poder acceder al Estado. Recientes estudios del Banco mundial abonan en la idea que los jóvenes están altamente afectados y escasamente atendidos, en la medida en que sus problemas están invisibilizados, no tienen forma de canalizar sus demandas, no se desarrollan políticas protectivas o preventivas o, dicho en otras palabras, el Estado no resuelve sus problemáticas. Si se analiza la cantidad y cobertura de los servicios de atención donde se brinda asesoría psicológica, protección, prevención, orientación para los jóvenes, frente a la oferta proporcionada a las mujeres, a los niños e incluso a los adolescentes, encontramos una diferencia sustancial que opera en contra de los jóvenes.

La exclusión social de los jóvenes en Latinoamérica es una de las principales causas de la desvinculación del joven con el ethos social, que contribuye a su automarginación, no es gratuito que muchos grupos juveniles desarrollen comportamientos transgresores y anómicos que buscan expresar su situación de exclusión, aunque sin traducir sus condiciones en necesidades y éstas en demandas, y sin traducir sus demandas en representación política.




[1] Macassi Lavander Sandro, Ricardo Blanco Beledo. (2006) Los nuevos sujetos de la globalización. Serie: Jóvenes: construyendo nuestro tiempo. Lima: IBC-CEP

" Microscopio, de la bioética a la biopolítica" - Jaris Mujica


La fotopalabra y la reflexión sobre culturas juveniles (2/2)

La técnica de la Fotopalabra surge en el ámbito de la comunicación grupal como una técnica que intenta “hacer hablar” a las imágenes o mejor dicho, “que las imágenes nos ayuden a hablar”. Por ello, utiliza fotos que expresan alguna idea o reflejan una situación, para facilitar el análisis de un tema; el intercambio de reflexiones y sentimientos; el desarrollo de conceptos, la síntesis de la temática tratada. En general se puede utilizar cualquier imagen de tamaño adecuado al grupo con el que se trabaja. Pueden ser imágenes de revistas, de periódico, de libros usados, fotos ampliadas, etc.


Algo de mí
[1]

Presentarnos a un grupo con el que vamos a compartir un tiempo de aprendizaje y experiencias, decir cómo somos, o mejor dicho, cómo nos vemos a nosotros mismos, no siempre es fácil. Las imágenes entonces pueden ayudarnos a presentarnos ante el grupo. ¿Cómo hacerlo?

Colocar sobre una mesa o en el piso, diversas imágenes que reflejen actividades juveniles, sentimientos, rostros, imágenes simbólicas, personajes de la comunidad, etc.

Pedir a las y los participantes que elijan una o dos imágenes con las que se identifiquen porque reflejan los ideales que tiene en su vida. También se puede pedir que las imágenes reflejen las principales características de su forma de ser; o que las imágenes reflejen los dos valores que marcan más su vida y su relación con los demás.

Dar un tiempo para que todos puedan ver las imágenes y escoger.

Para el compartir, si el grupo es pequeño se puede hacer en conjunto, de lo contrario se puede subdividir en pequeños grupos. Hay que tener en cuenta que este momento requiere poner atención y una actitud de “escucha” respetuosa de parte de todos por lo cual, quien facilita la reunión, debe hacerlo notar. Entonces, cada participante, con ayuda de las imágenes que escogió, se presenta ante los demás.

[1] Tomado de Imágenes para la reflexión juvenil: La Fotopalabra. Liliana Berta Herrera. Centro de Estudios y Publicaciones. Documento de Trabajo, 2009.

La fotopalabra y la reflexión sobre culturas juveniles (1/2)

La técnica de la Fotopalabra surge en el ámbito de la comunicación grupal como una técnica que intenta “hacer hablar” a las imágenes o mejor dicho, “que las imágenes nos ayuden a hablar”. Por ello, utiliza fotos que expresan alguna idea o reflejan una situación, para facilitar el análisis de un tema; el intercambio de reflexiones y sentimientos; el desarrollo de conceptos, la síntesis de la temática tratada. En general se puede utilizar cualquier imagen de tamaño adecuado al grupo con el que se trabaja. Pueden ser imágenes de revistas, de periódico, de libros usados, fotos ampliadas, etc.


Narrando una Historia
[1]

Las historias construidas alrededor de una problemática nos ayudan a hacer visibles los diversos aspectos que entran en juego. Las imágenes también nos pueden ayudar en este esfuerzo. Por ejemplo, supongamos que vamos a trabajar con un grupo de jóvenes sobre los principales problemas que viven por su condición de juventud; entonces podemos trabajar de esta manera:

a. Formar grupos de 3 personas y dar a cada grupo una foto de adolescentes y/o jóvenes en distintas circunstancias (en pandilla, buscando empleo, pintando grafitis, toocando música, joven embarazada, etc.)

b. Pedir que observen la imagen y después, en base a lo que conocen de este tipo de experiencias, elaboren una historia de la fotografía que tienen, narrando:




  • Qué está pasando en la actualidad con este/a joven


  • Qué pasó antes del momento que muestra la imagen (con quién vive, cuáles son sus metas, cómo llegó a la situación que se muestra, cuáles han sido sus
    mayores problemas, etc.)


  • Qué va a pasar después con este/a adolescente, encontrará ayuda para lograr sus metas?


c. En plenaria, cada grupo cuenta la historia elaborada. A partir de estas historias luego se identifican con todo el grupo, los aspectos comunes que encuentran en relación a las condiciones y las principales problemáticas que rodean a las y los jóvenes, sus familias y las comunidades donde viven.

d. Después de identificar esos factores se analizan detenidamente.

[1] Adaptado de Imágenes para la reflexión juvenil: La Fotopalabra. Liliana Berta Herrera. Centro de Estudios y Publicaciones. Documento de Trabajo, 2009.

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El mundo de los jóvenes[1] (1/2)



“El aumento de la inseguridad afectiva contribuye también a crear dinamismos violentos en las relaciones interpersonales. Acompañar a los jóvenes hoy requiere seriamente de un conocimiento suficiente de la cultura de la imagen y conocimientos psicológicos adecuados y una gran capacidad de escucha”, conocimiento de dinamismos afectivos y crisis de crecimiento y la capacidad de decir una palabra orientadora y alentadora, en el momento adecuado. Necesitamos elementos psicológicos y antropológicos que nos ayuden en esta tarea.

Estamos ante un nuevo paradigma o ante un conflicto de paradigmas:
Sin embargo, ante esta realidad de cambio de paradigma, debemos afirmar que no se dan de manera radicalmente extremos, sino que se van mezclando según el lugar y las personas. Y frente a este nuevo paradigma aparecen distintas visiones acerca de Jóvenes: autoritarismo generacional versus juvenilismo o consumo de juventud.

Autoritarismo generacional: recoge la evidencia de la primacía del mundo adulto sobre el juvenil. Suposición de incapacidad o inmadurez.
Escuchamos con frecuencia: “Los jóvenes, no saben lo que quieren “, “Los jóvenes, no saben dónde ir”, “los jóvenes no saben nada de nada” “¡Nosotros les tenemos que decir lo que tienen que hacer!”
Quiénes desarrollamos un trabajo directo con poblaciones adolescentes/jóvenes tenemos siempre la tentación de ubicarnos “por encima” de ellos y ellas. Es cierto que hay una asimetría. Sin embargo, aunque no lo queramos, o no esté en nuestro “discurso”, empleamos expresiones y por lo tanto desarrollamos acciones que responden a esta “mentalidad” o “paradigma”. Tendríamos que discernir sobre nuestra acción para revelar si alguno de estos indicadores expuestos en el cuadro anterior surgen con frecuencia y en qué circunstancias, y claro preguntarse cómo esto afecta a los y las adolescentes/jóvenes sobre los que recae nuestra palabra o acción. Por que muchas veces no lo decimos con palabras.

Juvenilismo: sobrevaloración de los jóvenes. No se valora al joven ni su aporte a la cultura. Solo tener pocos años o parecer tener pocos años. Toman ciertos prototipos juveniles y se manipulan con fines comerciales.
- Desdibujamiento de la imagen de autoridad
- Desorganización en los procesos de crecimiento

Consecuencias para la formación de los jóvenes:
Las formas de entender el mundo Las dos maneras de entender la juventud, anteriormente descritas, son opuestas y complementarias entre sí, corresponden a universos culturales diferentes. Producen falsas alternativas:

Autoritarismo vs. Permisividad: Se plantea una falsa alternativa, autoritarismo o negación de la autoridad, “todo está permitido”. Hay otras posibilidades.
Domesticación vs. Desorientación: abordar la formación cerrada a la crítica o no dar ninguna orientación.

Dependencia vs. Anomia: generar conciencias dependientes a normas rígidas, o no dar ningún horizonte claro, falta de referentes.

[1] Este artículo es extraído del capítulo 1 del libro Huamán Amparo, Ze Everaldo Vicentello (2009) Material para el trabajo con jóvenes: Compartiendo un camino. Pedagogía del Acompañamiento. Lima: IBC-CEP

El mundo de los jóvenes[1] (1/2)


Debemos partir que los jóvenes son el reflejo del contexto en el que vivimos, es decir la cultura juvenil se va transformando con diversas influencias como la globalización. El mundo ha cambiado por ende los jóvenes tienen otras experiencias, necesidades y oportunidades en el mundo actual. La juventud no es un tiempo, ni una etapa, ni un momento en la historia de una persona, no es una categoría social homogénea que cualquiera puede estudiar y examinar hasta el más mínimo detalle, desde fuera buscando objetividad, anulando emociones y prejuicios. La juventud es un cometa de riesgos y oportunidades, de amenazas y promesas, una intromisión en el sistema cósmico de los adultos y de su historia en su aquí y ahora. Como tal hay que entenderla.

Frente al mundo juvenil surge una necesidad creciente de explorar sus sentidos y sus enfoques; de tal forma que desde su comprensión reconozcamos desafíos para nuestra pretensión de acompañarlos. Descubrir su vida y entrar en diálogo. Dejarnos interpelar, desafiar por lo que los y las jóvenes dicen de sí mismos y del mundo que los rodea. Ser conscientes que decir “los jóvenes” es riesgoso, puesto que cada vez se hace más difícil reconocer elementos comunes que los configuren como un plural único. Poder acercarnos a su realidad y descubrirlos con sus fortalezas y debilidades, con sus sueños y temores, protagonistas de una historia que no conocemos, pero compartimos.

Algunas constataciones acerca del mundo juvenil:
Descubrimos que el espacio joven se ha alargado, el período de moratoria o latencia se ha hecho más amplio. Hoy a los jóvenes se les espera hasta entrar a los 30 años para definir elementos vitales de su historia. El inmediatismo provoca vivir el momento, el día a día, y con ello esa gran dificultad para tomar decisiones y compromisos a largo plazo, así como lo mediático afecta en la trasmisión de valores, sumándose a ello la ausencia de referentes.
Mundo cambiante, Juventud cambiante. Cada vez hay más distancia entre las generaciones y éstas cambian más. “Trabajar” con el mundo juvenil hoy, requiere una mayor apertura a los cambios, una atención mayor a las modas y un estudio más sistemático de la cultura juvenil. No basta con lo que sabemos y conocemos, como datos aislados que se dicen. Es necesario un análisis serio.
Hemos dejado atrás la cultura de la palabra, para dar paso a la cultura de la imagen. Hoy la palabra dada no tiene el mismo valor que el testimonio vivo. Una imagen vale más que mil palabras. Por eso, los grandes mensajes no tienen arraigo en la juventud; por eso el juramento o la palabra empeñada no vale. Tiene valor lo que se ve, lo que se observa, lo inmediato a los ojos. Y esto afecta el ambiente humano de la confianza. Se ha perdido la confianza en el otro, hasta que se le ve. La sospecha ha cobrado vida y se ha adueñado del esquema de reflexión. Esto genera un clima de inseguridad afectiva.

[1] Este artículo es extraído del capítulo 1 del libro Huamán Amparo, Ze Everaldo Vicentello (2009) Material para el trabajo con jóvenes: Compartiendo un camino. Pedagogía del Acompañamiento. Lima: IBC-CEP

Editorial

El mundo juvenil va cambiando constantemente, adoptando nuevas características, costumbres, formas de comunicarse y de relacionarse. Para quienes trabajamos con jóvenes, es importante contar con las herramientas que nos ayuden a sacar lo mejor de las y los jóvenes que acompañamos, para que se descubran personas valiosas y con potencialidades incluso mayores de las que imaginaron. También tenemos modelos a seguir, quizás alguien que fue acompañante nuestro o catequista y que supo llegar con la metodología, la cercanía y las formas oportunas para ayudarnos a crecer y construirnos como personas. Tenemos también el modelo de Jesús. Los evangelios nos narran que siempre que alguien se acercó a él, se fue diferente, se sintió acogido, importante, mejor persona. Su compasión, su mirada y su trato especial para cada persona, su modo de enseñar, nos hablan de un maestro que supo acercarse a cada quien desde su realidad y necesidades.
Nuestro trabajo de acompañamiento juvenil hoy nos exige “acercarnos” de manera renovada, con herramientas, metodologías y propuestas que respondan a las necesidades y cultura juveniles, y al reto de construirse como personas de fe y ciudadanos activos. y finalmente, sea más productivo y tenga mayores y mejores resultados; usar nuevas metodologías que permitan adaptarse a una nueva realidad y características juveniles actuales.
En esta edición de Datajoven trataremos el tema de Metodologías para el trabajo con jóvenes. Les presentamos algunos artículos para profundizar sobre el tema, comprender mejor el modo de trabajo de las y los jóvenes; diversas dinámicas, lecturas, enlaces de apoyo etc. Esperamos que pueda ser útil al trabajo de acompañamiento que realizan con jóvenes, teniendo en cuenta que todas las dinámicas y metodologías presentadas se pueden adaptar a cualquier contexto y público para lograr el mejor resultados.

Nuevo edición: ¿Cómo trabajar con jóvenes?